¿Papá estado?

Lo siento pero no lo entiendo. A lo mejor soy un ingenuo, pero me cuesta aceptar que el Estado haga cosas flagrantemente ilegales. Y no me refiero a manos negras, asesinatos encubiertos y cosas de esas con las que nos regalan las películas de Hollywood, sino a que se comporte de manera delincuente con sus ciudadanos. Claro que siempre queda la atinada frase de un amigo abogado: “si no fuera así, yo no tendría trabajo”.

Me molesta porque no estamos en el oeste. Vivir en estos tiempos más civilizados implica que nuestra seguridad, y no solo la física, se la hemos encomendado al Estado, al cual mantenemos económicamente. Unos cuantos ciudadanos que salen de esta misma sociedad establecen unas leyes, unas normas de convivencia, y todos las aceptamos. Luego esperamos vanamente que ese mismo Estado que ha promulgado esas leyes las cumpla. Al parecer, eso es pedir demasiado.

La administración pública la componen personas. Y cuando su propio funcionamiento proporciona un manto de impunidad a sus acciones sucede lo de Abu-Ghraib. Será que me vuelvo viejo –o que me fijo más-, pero cada vez veo más cortijeros en la administración pública, altos funcionarios que se creen que el lugar donde trabajan es suyo y pueden hacer y deshacer a su antojo. Y nadie hace nada.

Esto sucede en un centro de investigación público que aplica la extendida práctica de la administración de contratar ilegalmente; por ejemplo, como autónomos encubiertos. Yo podría entender que la maraña de leyes que rigen la contratación pública y la urgencia de cubrir un puesto no dejara otro camino que cometer tal ilegalidad. Pero lo alucinante aparece cuando los interfectos denuncian su situación y el juez les da la razón. De regreso a su centro de trabajo la dirección, en lugar de pedir disculpas, siente su honor mancillado, ve a los denunciantes como unos traidores y decide dar un ejemplar escarmiento a esos ingratos. Los científicos que han tenido la osadía de reclamar que se les trate dentro de la legalidad son trasladados de sus proyectos de investigación a realizar labores administrativas. ¿Que se va a la porra el proyecto? ¡Qué más da! A ellos no les tocan los c… “Cosas tenedes, el Cid, que farán fablar las piedras”.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. vivianaines dice:

    :-S. En las instituciones del Estado suceden tantas cosas desagradables, que la muerte sería en algunos casos solo parte de la nutrida imaginación de un director de cine de Hollywood. ¡Hay situaciones peores! por ejemplo convivir con la certeza de que así sucede.
    Salud y Vida para tí.
    Cordialmente

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