La secta de la bomba

No ha habido un producto tecnológico que nos haya hecho elevar la vista al cielo más que la bomba atómica. La Guerra Fría potenció la aparición de sectas y religiones milenaristas. Lo que se ha dado en llamar el ‘nuclearismo’ empapó los Estados Unidos hasta la médula. Declaraciones como la de Royce Elms, de la Primera Iglesia Pentecostal de Amarillo eran habituales: “¿Me estás diciendo que vamos a ser víctimas de un ataque nuclear terrorífico? ¡Absolutamente! La Palabra de Dios así lo ha ordenado sin ninguna sombra de duda”.

Lo más curioso es que este sectarismo también impregnó a los científicos nucleares; desde el padre de la bomba de hidrógeno, Edward Teller, a sus discípulos en esa fábrica de bombas nucleares que es el Lawrence Radiation Laboratory en Livermore. Durante 50 años Teller tuvo “una dedicación religiosa a las armas termonucleares”, en palabras del historiador de la tecnología David F. Noble. El primer director del Laboratorio de Livermore, Hebert York, dijo de los tecnólogos de las bombas que “gran parte de su autoestima la obtenían de la participación en lo que ellos creían una causa esencial, por no decir santa”.

Siguiendo el espíritu del famoso proyecto Manhattan, el secretismo era impresionante. Ingenieros y científicos, aislados del mundo exterior, vivían un peculiar modo de vida monástico, guiados por un conjunto propio de costumbres, usuarios y un lenguaje privado. El proceso de selección se hacía entre las mejores mentes del MIT y el Caltech, entre otros, y se les atraía con estupendos sueldos y con la sagrada misión de ayudar a la patria. Una vez dentro, los llamados hijos o nietos de Teller asumían las normas imperantes en la comunidad atómica de Livermore mediante la disuasión, la disciplina y el establecimiento de nuevos vínculos afectivos producto del aislamiento. Era una secta tecnoatómica. No es de extrañar que desarrollaran una visión apocalíptica del futuro: sus conversaciones favoritas discurrían sobre la extinción mundial.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. panta dice:

    Freeman Dyson en su recopilación de ensayos ‘El científico rebelde’ da otra visión de este sr.
    Quizá el huir de los nazis marcó indeleblemente su futuro pensamiento político.
    Eran – Von neuman también por ejemplo – radicales.
    Pero no dejaban de ser tipos brillantes, seguro que el mero hecho de haber podido argumentar con ellos nos haría aprender bastante .
    saludos

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