La trastienda de la universidad

ual001.gif 

Hay dos errores muy extendidos: que los agentes de los servicios de inteligencia son muy listos; y que los científicos son unos seres tremendamente objetivos y cerebrales.

Sobre el primero, baste con saber que, en los años 80, la CIA se dedicó a hacer vudú con las fotos de los coches de los agentes soviéticos, con ánimo de reventar sus neumáticos. Acerca del segundo, es suficiente con someterse a un tribunal universitario para aspirar a un puesto de profesor titular… sin ser el candidato “de la casa” (léase: del departamento donde se convoca la plaza, y que suele ser alguien que trabaja allí).

Los miembros del tribunal, en lugar de quedarse callados y abstenerse de votar al contrincante –que sería lo elegante– prefieren comportarse como verduleras y demostrar que el pobre mozo no se merece la plaza. Al grito de “¡a por él!” se le machaca hasta el ridículo. El corolario es que la credencial de un investigador ya no se mide por su plaza, sino por su trabajo. Yo he visto cómo un científico con un currículo de investigación impresionante era derrotado en una oposición por el candidato oficial con dos publicaciones en la oscura revista de la Academia de Ciencias de su Facultad. Y ni así: ¿Cuántos trabajos firmados por científicos ya dedicados a menesteres más o menos políticos son realizados por sus subalternos? Dentro de un departamento las cosas no son fáciles. Es más, eran bastante malas hasta que los becarios de investigación –“precarios” se autodenominaban, con razón– se organizaron. Si la carrera científica es exigente, sus condiciones laborales no eran de recibo. Y no me refiero sólo al dinero: en algunos casos llegaban a ser peores que en tiempos de Oliver Twist, al tener que trabajar con productos químicos peligrosos, sin seguro, y escuchar de sus comprensivos jefes: “¿Por qué te quejas, si estás haciendo lo que te gusta?”.¿Y las relaciones entre investigadores? Como en cualquier otro lado, las rencillas también existen: no se prestan instrumental entre ellos e incluso se llega a cerrar el laboratorio a cal y canto para que nadie lo use de estrangis. ¿Y los carísimos aparatos que duermen el sueño de los justos porque ya han sido sustituidos? ¿Por qué el Ministerio no adopta medidas para sacarles rendimiento, ya que todavía son útiles? ¿Y la Paleontología…? Con la consigna “este fósil es mío”, se olvidan de que quien ha financiado la excavación es el Estado y, por tanto, el fósil pertenece a los ciudadanos. Atapuerca es un ejemplo claro: con fotógrafo oficial y todo.

La ciencia está hecha por seres humanos, y “somos gloria y desperdicio del universo”, que decía Pascal. Menos mal que también hay buenas personas y mejores científicos, pero vayamos destruyendo el mito del científico frío y cerebral. Y no olvidemos un elemento nada despreciable: el éxito científico se basa en el reconocimieno intelectual por parte de los colegas. Y eso marca.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. intrigado dice:

    ¿Por qué le decimos trastienda de la universidad cuando queremos decir Sociología de la ciencia?

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s