Castrados por la gloria de la música

 

El último de los grandes cantantes castrati, Alessandro Moreschi, murió en 1922. Era conocido como El Angel de Roma y aún se conservan grabaciones de su voz única, como en ésta, donde podemos escucharle cantar el Ave María en 1904. Tres años antes el Papa había prohibido esta ‘operación’ que durante tres siglos se había estado realizando a chicos prepubescentes para que mantuvieran sus claras y prístinas voces muy por encima de lo que la naturaleza permitía. Su capacidad era tal que muchas veces, al terminar un aria, la audiencia gritaba: «¡Larga vida al Cuchillo!»

Esta práctica comenzó hacia 1600, cuando los responsables de los conservatorios, con el visto bueno de la Iglesia Católica, decidieron que merecía la pena castrar a aquellos que poseían la mejor de las voces. Muchos murieron durante el cruel procedimiento y de aquellos que sobrevivían sólo un uno por ciento terminaba con la espectacular voz que se exigía a una estrella internacional de la ópera. Como estos hombres estaban espléndidamente pagados, muchas familias pobres entregaban a sus hijos a tan refinado y elevado fin y así salir de su precaria situación.

Paradójicamente, cuando actuaban como hombres poseían una voz más aguda y potente que la de las mujeres a las que se suponía debían seducir. Su registro era tal que muchos compositores, Mozart y Handel incluidos, componían para ellos. Pero aquellos que no triunfaban en la escena su destino final era el coro de la iglesia. A finales del siglo XIX el Vaticano tenía 16 castrati en su coro.

El gran centro donde se hacían las escabechinas era Norcia, lejos de Roma. Los cirujanos que se ocupaban de convertir a los niños en increíbles cantantes de ópera estaban muy bien pagados y considerados socialmente. En Oriente y en Turquía también se practicó durante siglos, ya fuera la extirpación completa como sólo la de los testículos. Desde el año 1100 en China se realizó no sólo para alcanzar la perfección musical sino también como medida punitiva. En su momento de mayor auge el Emperador tenía 3.000 eunucos sirviendo como esclavos en el palacio. Una práctica que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX. Es más, el último eunuco chino de los días de la Ciudad Prohibida murió en un año tan cercano como 1997.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s