Nombrar a Plutón

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Corría el año 1930 cuando el astrónomo estadounidense Clyde Tombaugh descubrió un nuevo planeta situado a 6.000 millones de kilómetros de la tierra. El descubrimiento se hizo en el Observatorio Lowell, de Flagstaff, Arizona, pero la idea de su nombre se gestó en la cocina de una familia de Oxford. Y la artífice fue una niña de tan solo 11 años.

venetia phair
Venetia Phair

 

Se trataba de Venetia Phair, ávida lectora de historias mitológicas griegas y romanas, y nieta de Falconer Madan, un bibliotecario ya retirado. La mañana del 14 de marzo se encontraban desayunando juntos mientras el abuelo leía un ejemplar del periódico The Times y allí encontró la noticia que llevaría a Venetia a convertirse en un miembro más de la comunidad científica: un nuevo planeta había sido descubierto pero por el momento nadie le había puesto nombre y buscaban uno que, siguiendo con la tradición, hiciera referencia a los dioses romanos. Venetia entonces lo vio claro: debía llamarse Plutón.

Por aquellas cosas del destino, Falconer tenía un amigo en la Universidad de Oxford, el profesor de astronomía Herbert Hall Turner, y quiso contarle la idea que había tenido su nieta. El científico no podía estar más de acuerdo con ella, y en cuanto pudo envió un telegrama al Observatorio Lowell para hacerles llegar la sugerencia. Y una vez más, allí estuvieron de acuerdo con que la elección de Plutón, proveniente de Pluto, el dios romano del mundo subterráneo, era de lo más adecuada para un planeta situado en los confines del Sistema Solar. Además, las iniciales, PL, recordaban a las de Percival Lowell, el astrónomo que dio su nombre al observatorio donde se hizo su descubrimiento.

Durante más de un mes, el bibliotecario y su nieta no supieron nada acerca de la decisión tomada, pero el 1 de mayo de 1930 se comunicó públicamente, el nuevo planeta, hasta entonces llamado planeta X, pasaba a llamarse oficialmente Plutón. La recompensa de Venetia fue un billete de 5 libras que le dio su orgulloso abuelo y, aunque el 24 de agosto de 2006 la Unión Astronómica Internacional rebajó a Plutón de categoría, pasar a ser recordada como la niña que bautizó un planeta.

Pero no solo eso. También podemos ver su rastro en otro curioso nombramiento. El 14 de diciembre de 1940 se producía y aislaba por primera vez un elemento que se identificaría químicamente el 23 de febrero siguiente. Se trataba del elemento 94 y, otra vez más, había que encontrarle un nombre. El elemento 94 era el segundo de la serie de los elementos transuránicos y Edwin McMillan, uno de sus descubridores, decidió cómo nombrarlos a ambos. Al primero lo llamó Neptunio, tomando como referencia a Neptuno, y para el segundo pensó que lo mejor era seguir el orden de los planetas, por lo que lo llamó Plutonio gracias al planeta Plutón. He aquí una aportación más de la brillante idea de Venetia Phair.

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