Málaga: ni un euro a la cultura científica

Hace dos años escribí las líneas que siguen en la columna de opinión del periódico El Sur de Málaga. ¿Por qué recupero hoy este artículo? La razón se descubrirá al final del mismo.


Un museo ha muerto y lo ha hecho sin haber nacido.

En 2010 llegué a Málaga con la ilusión de quien va a participar en un proyecto que cree fantástico. Programa Royal Collections me contrataba como director científico de Art Natura Málaga (ANM) para definir y coordinar los contenidos de los dos museos de ciencia que iban a estar ubicados en uno de los edificios de la antigua Tabacalera.

No se trataba de esos museos de ciencia que se dicen interactivos cuando en realidad son automáticos, en los que tocas un botón a ver qué pasa. Lo que se iba a abrir en Málaga era un complejo de historia natural.

Para ello contaba con un magnífico grupo de jóvenes técnicos y científicos que no puedo dejar de mencionar, Vanessa, Ana, Mavi y Francisco, ilusionados por un proyecto que iba a contar una historia, nuestra historia. Porque los malagueños iban a disfrutar de lo que se ha dado en llamar la Gran Historia: del origen del universo a la aparición del ser humano moderno. Allí verían con sus propios ojos de dónde vienen los materiales con los que estamos hechos y los restos de quienes vivieron en nuestro planeta hace varios centenares (¡y miles!) de millones de años. Era un viaje fascinante que demostraba lo que es capaz de hacer la naturaleza si se la deja tiempo para actuar en un pequeño planeta rocoso que orbita una estrella arrabalera en una de las miles de millones de galaxias que pueblan nuestro universo.

Por desgracia, ANM siempre fue conocido por lo que, en mi opinión, era lo menos importante: las gemas. Una colección única, sí. Exclusiva, también. Con esculturas, piezas de arte suntuario y tapices magníficos, sin duda. Pero para mí, a años-luz de lo verdaderamente hermoso, como la delicada fragilidad de las agujas de yeso o la extraña belleza del Sinosauropteryx. Aún diría más: la historia natural une al ser humano porque nos hace sentir lo que siempre hemos sido sin saberlo, ciudadanos del cosmos. Por el contrario, la gélida belleza de las gemas lapidadas únicamente me susurra la desigualdad social y la explotación del hombre por el hombre. Málaga se merecía los dos museos de ciencias, a pesar de moverse a la sombra del (cansino) museo de gemas.

Durante la ya lejana campaña electoral municipal me dolió escuchar a uno de los candidatos decir que si ganaba pensaba abandonar el proyecto en pos de un fin más cultural. ¿Es que la ciencia no es cultura? Tamaña miopía solo puede provenir del desconocimiento. No nos equivoquemos: la ciencia interesa a la ciudadanía. ¿Saben cuáles son las tres revistas más vendidas de España? Por orden, Pronto, Hola y Muy Interesante. Abran bien los ojos. La tercera revista con más lectores del país, detrás de dos dedicadas exclusivamente al cotilleo, es de divulgación científica.

Sé que a los malagueños les interesa esa Gran Historia que se iba a contar en Tabacalera: buena prueba de ello la dieron el año pasado (2011) durante La Noche en Blanco, aguantando largas colas de espera. Allí montamos, a pesar de la velada oposición del que era nuestro jefe, una pequeña exposición de los tesoros de la Tierra que iban a poder disfrutar los malagueños. Recuerdo cuando mostrábamos un trilobite y, bajando la voz como quien cuenta una secreto, decíamos a alguno de los visitantes: “si pones el dedo aquí estarás tocando algo que vivió en la Tierra hace 500 millones de años”. Aún guardo en mi memoria la cara de los niños, con los ojos abiertos como platos y acercando lentamente el dedo como si fueran a tocar algo importantísimo. Ni los adultos escapaban al asombro y al deseo de sentir los restos de aquel ser vivo de una época ya olvidada.

Estoy dolido porque un museo del siglo XXI destinado a la Tercera Cultura, que une las ciencias con las humanidades, ha muerto sin haber nacido. El proyecto museológico está prácticamente terminado –y es propiedad del Ayuntamiento- y las ilusiones del aquel “grupo de ciencias” aún resuenan entre las paredes de Tabacalera. Pero poco importa ya. Lo único que importa es que Málaga se va a quedar sin contemplar, por ejemplo, los restos dejados por los seres vivos que, hace 3.000 millones de años, vivieron y dominaron un planeta sin continentes, cubierto por un océano de aguas hirvientes mientras altos conos volcánicos, repartidos por todo el globo, arrojaban gran cantidad de gases a un cielo casi por completo libre de nubes. Mientras, por las noches, los meteoritos cruzaban resplandecientes los cielos, y de vez en cuando alguno se estrellaba contra el agua provocando inmensos tsunamis de varios kilómetros de altura. Saber eso, vivir eso, sentir eso, es lo que se va a perder Málaga.

Un museo así no se debe dejar escapar. La Universidad lo sabe y la Academia Malagueña de Ciencias también, y cuentan con todo mi apoyo para resucitar este gran proyecto cultural. No necesitamos gemas ni tampoco a Programa Royal Collections (PRC), cuyo interés por la ciencia siempre fue coyuntural. Necesitamos recuperar la ilusión de aquel pequeño “grupo de ciencias” y el entusiasmo con el que la Universidad (y vaya mi gratitud a los profesores Paul Palmqvist y Enrique Viguera) y la Academia Malagueña de Ciencias, entre otras fuerzas sociales, apoyaron la idea de llevar la ciencia al corazón y la mente de los malagueños y, por supuesto, de los turistas. Los museos de Ciencias de la Vida y Ciencias de la Tierra nacieron en la mente de PRC como segundones, pero en sus venas corría sangre de campeones. Málaga se merece ser alguien en el mapa europeo de la cultura científica. El Ayuntamiento debería continuar y aceptar el reto.

Pues no ha sido así. En distintas reuniones mantenidas con el ayuntamiento malagueño se nos dijo que no podían disponer de fondos para crear un centro que aglutinara los excelentes esfuerzos que se están realizando en Málaga en pro de la cultura científica. No podían gastar ni un euro. El tiempo nos ha demostrado que la frase no estaba bien enunciada: no querían gastar un euro en ciencia. El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y su concejal de cultura (y lo escribo así a posta, con minúscula), Damián Caneda, tienen en su vestuario, además del traje y la corbata de rigor, unas orejeras culturales que, por desgracia, abundan entre el ejecutivo de nuestro país. Para ellos la cultura son cuadros, obras de teatro y conciertos. El caso del consistorio malagueño es más sangrante, pues considera que, además, la cultura debe y se puede comprar a golpe de talonario. No hay dinero para hacer relucir la ciencia malagueña y española pero sí lo hay para alquilar cuadros a franceses y rusos por un montante total de millón y medio de euros anuales (más sueldos y gastos de mantenimiento, claro). ¿Para qué llegar a acuerdos con nuestro Museo Nacional de Ciencias Naturales y el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, con fondos magníficos y encerrados en almacenes, si se puede llevar a la costa del Sol una muestra de pintores rusos? En Málaga hay excelentes colecciones privadas de fósiles, minerales, historia marina… cuyos dueños estarían más que felices de verlas expuestas con criterio. El ayuntamiento tuvo la oportunidad de contar una historia universal, la historia del ser humano y de la vida en nuestro planeta, pero ha preferido invertir medio millón de euros anuales en una muestra de, por otro lado, magníficos pintores rusos. Al parecer del alcalde y el concejal de cultura (con minúscula), la costa del Sol es el lugar idóneo para una exposición permanente de cuadros que nada tienen que ver con Málaga: no hay nada como enseñar cultura fuera de contexto. O quizá han considerado que sí lo hay porque para eso se han instalado los millonarios (y no tan millonarios) hijos de la madre patria Rusia en las soleadas costas malagueñas. Tengo la sensación de que todo esto viene porque en el consistorio creen que, en realidad, va a ser un atractivo para… los cruceristas. Ya imagino la propaganda: Málaga, ciudad de cruceros. ¿Y los malagueños? Bueno, están para apoquinar los más de dos millones de euros anuales que seguro cuesta mantener tales museos.

Y pensar que con la décima parte se podría mantener un excelente centro dedicado a transmitir la pasión por el conocimiento del mundo en que vivimos…

¿Saben qué es lo mas triste de todo? Que nadie en el Ayuntamiento de Málaga va a ser consciente de lo que han perdido.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Que lamentable lo que sucede en muchos lugares del mundo, que la ignorancia reine por obtener dinero.
    Por fortuna en Colombia le damos importancia a la cultura, hasta sirve para hacer política. ¡Vean lo útil de tener buena cultura!

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