Medicinas sacacuartos

Desde mediados del siglo XX el curandero clásico de hierbas y potingües ha ido disminuyendo en su número y ha dejado el paso franco a un nuevo tipo que apela a cierta energía invisible e indetectable que anima a los seres vivos, en lo que es una reinterpretación de la fuerza vital decimonónica: son los sanadores energéticos.

Entre estas peculiares terapias se encuentra la llamada medicina vibracional, inventada por el médico Albert Abrams (1863-1924), que ha sido llamado “el decano de los charlatanes del siglo XX”. Su método de curación, que bautizó como radiónica, se basaba en que Abrams era capaz de detectar las diferentes energías o vibraciones emitidas por los tejidos sanos y enfermos de todos los seres vivos. Para poder exportar esta terapia, diseñó un conjunto de dispositivos que decía eran capaces de medir estas vibraciones y creó un sistema para evaluarlas y determinar la enfermedad.

El hecho de que en toda la historia de la ciencia ningún instrumento haya podido detectar semejantes vibraciones o energías no ha detenido a ningún creador de terapias energéticas (o de imposición de manos). Entre ellas se encuentra el llamado toque terapéutico. Fue inventado en los años 1970 –la segunda época dorada de lo paranormal tras el impasse provocado por las dos Guerras Mundiales- por una enfermera norteamericana llamada Dolores Krieger. Estaba convencida de que las palmas de las manos podían canalizar una energía curativa y que, además, eran capaces de detectar el (inexistente) campo energético humano. Un campo que, según sus defensores, fue postulado por Albert Einstein, aunque nunca han aportado prueba alguna para esa afirmación.

En un terreno similar se mueven los defensores de la aurasomaterapia, “una terapia holística del alma en la cual los poderes vibracionales de los colores, los cristales y los aromas naturales se combinan con la luz para armonizar el cuerpo, la mente y el espíritu de la humanidad”. Como no puede ser de otro modo, quienes lo practican dicen que se trata de un técnica muy antigua –lo que, una vez más, es sinónimo de efectividad- que fue redescubierta en los 1980 por la clarividente inglesa Vicky Wall.

Europa y Estados Unidos poseen un tipo de curandero característico que bajo el paraguas de dudosas credenciales académicas afirma poder tratar todo tipo de enfermedades, incluyendo el cáncer. Entre estos luce con luz propia Hulda Regehr Clark, una doctora en zoología reconvertida a naturópata que decía poder curar todo tipo de cáncer y murió en 2009 de un mieloma múltiple. Para ella todas las enfermedades tenían su origen en toxinas creadas por nuestro contaminado entorno y por gusanos. Entre estos últimos Clark apuntaba al peligroso parásito intestinal Fasciolopsis buski como el causante del cáncer, el sida y el Alzheimer. Entre sus coloristas tratamientos incluía una tintura de vainas verdes de nueces, hojas de ajenjo y clavos.

Otro es el médico alemán Ryke Geerd Hamer, creador de la Nueva Medicina Germánica según la cual “Las enfermedades graves se originan por un acontecimiento inesperado que es vivido como muy difícil, agudo, dramático y en soledad”. Encarcelado en Alemania y Francia por fraude y práctica médica ilegal, se exilió en Málaga hasta 2007, donde ejerció su particular visión de la medicina ayudado por el médico Fermín Moriano. Hasta la fecha, ni Hamer ni sus defensores han podido aportar ni un solo caso documentado de curación de un paciente de cáncer utilizando su método.

Otro tipo de curandero netamente occidental es el intuitivo, que dice diagnosticar y enseñar a otros a curar sin preocuparle en demasía la llamada la medicina basada en las pruebas. Él, simplemente, sabe. Afirman utilizar su “perspicacia”, por llamarla de algún modo, para diagnosticar por teléfono, radio o Internet. Y no solo con enfermedades orgánicas; también los hay como la médico titulada Judith Orloff, llamada la psiquiatra clarividente, que hace lo propio con los desórdenes mentales. Entre todos ellos quien mayor fama acumula es Carolyn Myss, que posee un fantasmagórico doctorado en Intuición y Medicina Energética por la Greenwich University, una organización de enseñanza a distancia no reconocida que operaba -hasta que fue clausurada- en Australia, California y Hawaii. La “doctora” Myss ha descubierto que es más fácil, menos arriesgado y más lucrativo escribir libros y dar cursos y seminarios sobre medicina intuitiva, donde mezcla la ideología Nueva Era salpicada con términos científicos.

De hecho, muchos de estos sanadores intuitivos afirman que son capaces de usar su “intuición” para entender materias tales como la bioquímica o la mecánica cuántica. Otros, menos atrevidos, ignoran la ciencia y su discurso lo empapan con metafísica de baja estofa. Solo hay una cuestión en la que todos coinciden: ninguno se ha prestado a un estudio experimental controlado para verificar su “perspicacia”. Por supuesto, tal prueba solo valdría para quienes afirman ser capaces de diagnosticar el cáncer. Aquellos que dicen diagnosticar y curar el aura, el chi u otro tipo de “energía” o “vibración” que desarmoniza nuestro cuerpo se encuentran hábilmente libres de todo riesgo, habida cuenta de que esa “energía” solo la pueden ver ellos.

Lo único cierto es que bajo ese manto de bondad y deseo de ayudar al ser humano con el que se cubren se esconde lo que realmente son: mercaderes de esperanza.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hace mucho que no sabemos de ti..

  2. eduardo dice:

    Interesante la entrada. Y que opinas sobre la teoría vibratoria del olfato? Huele mal, sin embargo hay científicos que están tratando de demostrarla. Es un concepto extraño que si comprueba experimentalmente que existe, va a dar mucho que hablar. Un saludo.

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