¿Los remedios de la abuela?

Lo “natural” está de moda. Los remedios de la abuela, sobretodo de la mano de Txumari Alfaro, también. Y eso no estaría mal, si no fuera porque ni sabemos si son realmente remedios de la abuela o si esos remedios funcionan. Un ejemplo: uno de los que usaban en mi pueblo cuando una vaca se ponía mala era recoger unas plantas del regato, ponerlas en un saquito y colgarlo en el casillo adyacente al que se encontraba la susodicha. Claro que en mi pueblo no son tontos y también llamaban al veterinario. Eso sí, al final la vaca se curaba por los efluvios del saquito.

Exactamente el mismo razonamiento que escuché en un programa de televisión de boca de una madre cuya hija sufría terribles ataques epilépticos y los medicamentos que tomaba no parecían surtir efecto. Desesperada fue a un curandero y a las pocas semanas dejó de padecerlos. ¿Dejó la medicación? No. Siguió tomándola mientras iba al curandero, pero fue él quien la curó. Esta historia la suelo plantear como test cuando me invitan a dar una charla sobre ciencia y pseudociencia. Cuando muy poca gente de la audiencia se da cuenta del error en el razonamiento de esa madre comprendo la importancia de la divulgación científica.

Todo esto viene a cuento porque los famosos remedios de hierbas en muchas ocasiones tienen muy poco de remedios… y de hierbas. Por ejemplo, en 1998 investigadores californianos descubrieron que un tercio de 260 compuestos herbales que se vendían en las tiendas contenían drogas no mencionadas en la etiqueta y, algunos, elementos tan poco beneficiosos como plomo, arsénico o mercurio. O el adelgazante prohibido Bio Menat, “jarabe de extractos vegetales” que además contiene estimulantes, ansiolíticos, anestésicos locales y productos con efecto dopante, como la efedrina.

En Estados Unidos son comunes las denuncias contra compuestos que contienen Ma Huang o efedra y sus derivados, que producen desde temblores, insomnio, dolor de pecho hasta adicción, ataques cardíacos y la muerte. Esto tiene mucho que ver con ese mito que dice que las plantas son buenas y no tienen efectos secundarios. ¿Alguien puede decirme de dónde salen las drogas?

Pero la coña marinera está en que llamen producto natural a… ¡unas píldoras! Porque en la parafarmacia no compras una hierba, sino una píldora que contiene un extracto de una hierba. ¿Sabrán los defensores de lo “natural” la cantidad de “química” que hay detrás de la preparación de un pildorita de esas?

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. El problema es que los naturópatas actuales han abandonado los verdaderos remedios tradicionales, que sí eran efectivos, por corrección política y los han sustituido por sucedáneos baratos de fácil comercialización. En mi pueblo cuando se enfermaba una vaca buscábamos a la bruja responsable y la quemábamos. Mano de santo.

    Mi tío tatatatarabuelo era cazador de brujas ambulante, e iba por los pueblos solucionando estos males de forma totalmente natural, con una antorcha, y ya se sabe que lo natural nunca es malo. Yo he querido poner una franquicia de eso y no me deja Sanidad por no sé qué leches. Intereses de las multinacionales farmacéuticas, supongo.

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