¿Estás ahí? El espiritismo ante la ciencia (introducción)

“Lo estamos pasando muy mal”, dijo Ana con voz temblorosa. Con otros tres voluntarios estaba participando en una sesión de ouija. Habían empezado sobre las once de la noche en una antigua fábrica de chocolate de Zaragoza. Todo se había hecho según los cánones de las sesiones de espiritismo: primero se habían cogido de las manos durante un minuto y luego habían puesto los dedos sobre el vaso a la espera de que alguna ‘presencia’ contestara a las preguntas que habían lanzado al aire: “¿Estás ahí?”, “¿Nos conoces?”, “¿Hay alguien?”. Tras 20 minutos de quietud, cuando los ánimos ya flaqueaban al pensar que no iba a pasar nada, el vaso empezó a moverse. El susto fue monumental. “¡Te juro que casi ni tenía el dedo encima!”, dijo otra participante. Poco a poco esa presencia fue contestando a las preguntas que le planteaban. Se llamaba Laura y había trabajado en esa fábrica. Por suerte no le había pasado nada allí ni había muerto en ese lugar. Por alguna razón que se les escapaba, estaba ligada a esa fábrica. Ningún participante tenía duda alguna: habían contactado con el espíritu de una persona fallecida.
En realidad, se equivocaban.

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