¡A por las brujas! (1)

De pie en la explanada del castillo un reo de brujería espera para escuchar el veredicto. El castellano abre la ceremonia: “¿Sabe usted, señor gobernador, que ha llegado el momento de administrar justicia ante el crimen cometido?”. “Sé que ha llegado el momento de administrar justicia, señor castellano”, responde. “¿Comparten esta opinión, caballeros del tribunal?”. “Sí”, contestan al unísono

Las campanas, envueltas en un trapo humedecido para hacer su tañer más lúgubre, repican. El reo se arrodilla ante los numerosos espectadores y recita un resumen de su proceso. “¿Son ciertas todas las acusaciones?”, le pregunta el alcalde. Con un casi inaudible “sí” el condenado corrobora lo que le han obligado a leer. Sabe que si se desdice volverá a la cárcel y le someterán a nuevas torturas.

Ahora le toca al sacerdote pronunciar un sermón sobre la bondad de Dios y la inapelable y férrea determinación que deben tener los fieles contra las artes demoníacas. Después, el escribano lee la sentencia y entrega el reo al verdugo. Todo el pueblo está allí. A los niños les han dado el día de fiesta para poder presenciar la ejecución. Tras ella, el castellano, doce asesores suyos, dos guardias y dos maestros de escuela se dirigen al comedor del castillo donde les espera un banquete costeado con los bienes de la pobre víctima.

De este modo la ciudad suiza de Neuchâtel acababa con sus brujos. Ufana de su perenne neutralidad, Suiza posee el poco orgulloso título de ser el país donde más personas fueron asesinadas por brujería: 1 por cada 250 habitantes. En total, 4.000 personas fueron condenadas y asesinadas porque legisladores, jueces, políticos, sacerdotes e intelectuales consideraban que habían hecho un pacto con el demonio. En comparación, Portugal, que entonces tenía la misma población que el país de los relojes (un millón de habitantes), solo ajustició a cuatro durante los siglos que duró la locura brujomaníaca. En números absolutos Alemania se lleva la palma, 25.000, seguida por la Mancomunidad de Polonia-Lituania (el Regnum Serenissimum Poloniae) con 10.000. Aunque el número total de personas ajusticiadas en toda Europa es motivo de discusión, se calcula que pudieron estar entre 50.000 y 100.000.

Desde 1450 hasta 1750 “la degradación ahogó la honradez, se enmascararon las pasiones más bajas tras la protección de la religión y el intelecto del hombre perdonó bestialidades… la brujería destruyó los principios del honor y la justicia”, comenta con dureza el historiador Rossell Hope Robbins. Y no le falta razón: en Inglaterra un magistrado del Tribunal Supremo cerró los ojos ante el perjurio evidente de un testigo de la acusación; en Alemania otro juez, rechazado por una mujer a la que había hecho proposiciones deshonestas, acusó a su hermana de bruja, la torturó y la quemó en el mismo día; en Escocia quemaron a otra por acariciar a un gato en una ventana abierta en el momento en que el dueño de la casa descubría que su cerveza se está agriando; en Boston una pobre inmigrante que solo hablaba gaélico irlandés y rezaba en latín moría en la horca por no saber rezar el Padrenuestro en inglés.

Las brujas -pues el 80% de las víctimas fueron mujeres- no eran como la de Hansel y Gretel, esa vieja encorvada y desdentada que conocía bebedizos y encantamientos. Para leguleyos y clérigos pertenecían a una poderosa organización que trabajaba sin descanso para subvertir la religión e impedir el establecimiento del reino de Dios en el mundo.

(Publicado en Muy Interesante)

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    En España hubo un héroe, no muy conocido, que gracias a su escepticismo y al pensamiento racional, logró salvar a varios miles de personas y consiguió que la inquisición cambiase la forma de juzgar los casos de brujería. Alonso de Salazar Frías.

    http://www.vallenajerilla.com/berceo/florilegio/inquisicion/mayorproceso.htm

  2. Gran reportaje en la MUY sobre brujas, espero que subas pronto tu columna de esta edición sobre divulgación y diversión, muy interesante para debatir. Felicidades por tu trabajo y por acercarnos cada momento a la ciencia y entretener,

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