¡Lávate, so guarro!

Uno de los destinos más de moda son los famosos Spa. Para mí no son otra cosa que un quiero y no puedo con agua de grifo. El verdadero destino chic es el balneario. Como no podía ser de otro modo, los responsables de este tipo de centros, donde el baño se convierte en una actividad social, fueron los romanos.

Las termas de entonces en nada deben envidiar a los más lujosos de nuestros días. Uno de los más famosos, el de Caracalla, ofrecía a sus usuarios, además de una amplia gama de pociones y ungüentos para la belleza y la salud que haría enrojecer de envidia a más de un narcisista de hoy día, salones de masajes, baños calientes, tibios y fríos, salas de sudoración, peluquería, manicura, gimnasio y tiendas de cosméticos y perfumes.

Siguiendo la máxima latina de mens sana in corpore sano, estos inmensos complejos turísticos capaces de albergar hasta 2.500 clientes, ofrecía para el deleite del espíritu galerías de arte griego y romano, bibliotecas y salas de conferencias donde asistir a debates filosóficos o artísticos. Evidentemente, también se rendía pleitesía a Baco en estancias donde los esclavos servían suculentos manjares y escanciaban vino.

Con la llegada de la Edad Media, cuando la Iglesia se convirtió en la luz y guía del mundo occidental, los balnearios desaparecieron. De hecho, el baño y la higiene no era algo que fuera muy apreciado por las gentes del medioevo. La carne debía mortificarse todo lo que fuera posible: el cuidado del cuerpo era algo pecaminoso. ¿A qué pecador se le ocurriría exponer su cuerpo, impúdicamente desnudo, a la vista del resto?

El baño empezó a considerarse como fuente de innumerables enfermedades y la más mínima higiene corrió el peligro de desaparecer totalmente. Cada cual hacía sus necesidades donde le parecía hasta el punto que en 1589 la corte inglesa tuvo que colgar la siguiente advertencia en palacio: “No se permite a nadie, quienquiera que sea, antes, durante o después de las comidas, ya sea tarde o temprano, ensuciar las escaleras, los pasillos o los armarios con orina u otras porquerías”.

El hedor que desprendían ciudades y personas era insoportable. Ciudades como París eran inmensas cloacas donde al volver de cada esquina podías encontrar a alguien defecando. Así, no es de extrañar que Erasmo aconsejara a sus compatriotas en 1530 que “es descortés saludar a alguien mientras esté orinando o defecando”. Dice el refrán que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Tan preclaro aviso se cumplió en el tardío 1830, cuando un brote de cólera diezmó a la población londinense. Entonces las autoridades tomaron cartas en el asunto y comenzó una campaña a favor de las instalaciones sanitarias en las viviendas.

Porque no está demás recordar que la construcción inicial del palacio de Versalles, en el siglo XVII, incluía grandiosas fuentes y ningún retrete.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. leonardo dice:

    “Con la llegada de la Edad Media, cuando la Iglesia se convirtió en la luz y guía del mundo occidental, los balnearios desaparecieron. De hecho, el baño y la higiene no era algo que fuera muy apreciado por las gentes del medioevo. La carne debía mortificarse todo lo que fuera posible: el cuidado del cuerpo era algo pecaminoso.”

    Había empezado bien el post, pero la tentación de deslizarse hacia la versión falsa de la historia, de dejarse llevar por la gran operación de difamación del pasado, sobre todo del pasado cristiano, ha sido demasiado fuerte. Penoso.

    1. titow dice:

      ¿Y entonces cual sera la versión “verdadera”?..Me dejaste con la curiosidad colgando…

      PD: Cada vez que me acuerdo de la edad media se me revuelven las tripas, si que ciamos bajo en esos años U_U

  2. Viviana dice:

    Bueh ahora los tiempos han cambiado con la luz eléctirca, parecen ser los dueños de las aguas terrenales y celestiales (bendita) además del oro…claro!

  3. Viviana dice:

    No sé en que país vive Ud., tampoco conozco otros lugares fuera de dónde vivo, pero aquí hay pueblos casi fantasmas que ni siquiera figuran en ningún catastro, y compran el agua por baldes para consumo, para lavarse de tanto en tanto juntan agua de lluvia. ¿Eso no se parece al Medioevo?. Increible pero una angustiante realidad.

    1. titow dice:

      Pues no se parece, ya que esas personas a pesar de vivir en condiciones de baja calidad, tienen conocimiento (al menos empírico) de la importancia de una higiene mínima, vamos, que estamos en el siglo 21 y tampoco es que ellos estén aislados en una isla para no tener al menos una mínima idea de que la suciedad enferma

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