La mano, ese prodigio evolutivo

La mano humana es un instrumento notable. Y dentro de la mano, que tengamos el pulgar oponible es realmente prodigioso. El gran Isaac Newton dijo: “Sólo el pulgar ya me convencería de la existencia de Dios”. Sin embargo, y a pesar de que tener un dedo oponible es un acierto, otros primates también lo tienen. Ahora bien, no pueden usar sus patas como el hombre la mano. Por dos causas. Primera: la mano tiene dos presas que pueden actuar de forma simultánea. Podemos coger una pelota con la palma y, a la vez, sostener un bolígrafo con los dos primeros dedos. Y segunda: la unión neural directa entre el cerebro, más concretamente el cerebro anterior, y la mano mediante lo que se llama la vía piramidal. En el chimpancé, por ejemplo, la mano no está tan bien dotada desde un punto de vista nervioso, lo que hace que sus capacidades se vean drásticamente menguadas. El ejemplo más claro es el del pianista: puede golpear 10 veces por segundo sólo con el índice. Evidentemente, la mano del chimpancé es capaz de coger fruta, subir por el tronco de un árbol, beber, acicalarse, tirar piedras y hurgar un hormiguero con un palo. Pero la destreza humana con la mano se encuentra fuera de su alcance.

Y eso que la mano humana, desde un punto de vista biológico, no es gran cosa. Tener un hueso en el brazo, el húmero, dos en el antebrazo, el cúbito y el radio, ocho en la muñeca dispuestos en dos hileras, cinco metacarpianos en la palma y cinco dedos con tres huesecillos -salvo el pulgar que sólo tiene dos- es bastante primitivo. Los anfibios también poseen cinco dedos y otros mamíferos han modificado este antiguo sistema. Así, los caballos han terminado con un único dedo que les permite correr.

No obstante, resulta bastante avanzada en algunos aspectos sutiles. Durante 50 millones de años nuestros antepasados se adaptaron a una existencia arborícola, con lo que fueron desarrollando un miembro anterior más ágil. Tanto el omóplato como la clavícula se conservaron para proporcionar una notable movilidad al brazo. El codo y la muñeca se desarrollaron para permitir una amplísima gama de movimientos. ¿Cuántos animales pueden rascarse todas y cada una de las partes de su cuerpo únicamente con sus miembros anteriores?

Uno de los descubrimientos más curiosos es que determinadas enfermedades pueden “verse” en la mano. Por ejemplo, el síndrome de Down generalmente queda reflejado en huellas anómalas en las palmas. De hecho, presentan menos remolinos, arcos y asas radiales en las puntas de los dedos que quienes no sufrimos este defecto genético. Los mongólicos presentan una mayor tendencia a tener esas asas en el pulpejo de su dedo anular mientras que la gente normal suele tenerlas en el índice. También tienen mayor tendencia a presentar en la palma la llamada línea simiesca, una línea horizontal y única que cruza de lado a lado la zona más cercana a los dedos. Cerca del 80% de los síndromes de Down la tiene mientras que sólo el 7% de la población normal la posee, y normalmente en una de las palmas.

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