De profesión, genio

El día de los inocentes, el 28 de diciembre de 1903, nacía en Budapest John Von Neumann, el genio que con su trabajo nos introdujo en el mundo de los ordenadores, los robots y la inteligencia artificial.

Neumann era un fuera de serie y con razón se le ha llamado el hombre más inteligente del siglo XX. Con seis años dividía mentalmente dos números de ocho cifras y bromeaba con su padre en griego clásico. Dos años más tarde ya sabía cálculo y recitaba una página de la guía de teléfonos de Budapest entera, con sus nombres, apellidos y números de teléfono. En una ocasión, al ver que su madre dejaba de coser y, abstraída, miraba al cielo, Neumann le preguntó:

– Madre, ¿qué estás calculando?

El joven John se matriculó en la universidad de Budapest, que utilizaba como centro de operaciones para viajar a Berlín y escuchar a Einstein hablar de mecánica estadística, a Zurich para participar en el programa de ingeniería química de su prestigioso Instituto Politécnico, y a Göttingen, donde estudiaba con el famoso matemático David Hilbert. Con 22 años Von Neumann coronó esta febril actividad con dos títulos: un diploma del Politécnico de Zurich en ingeniería química y un doctorado summa cum laude en matemáticas por la universidad de Budapest.

Como corresponde a los genios, a sus 26 años Von Neumann era una figura resplandeciente en el panorama científico mundial. En el otoño de 1929 Oswald Veblen, del departamento de matemáticas de la universidad de Princeton, le invitó a dar unas conferencias «sobre algún aspecto de la mecánica cuántica». Neumann aceptó y después de pasar un tiempo allí llegó a la conclusión que los Estados Unidos y él estaban hechos el uno para el otro.

Quizá lo que más llame la atención a quienes piensan que los científicos son unos seres aburridos sea la profunda devoción de Von Neumann a dar fiestas. Un viejo amigo suyo recordaba que
“lo que se cuenta de sus fiestas no es exageración. Eran fantásticas. Von Neumann era una persona tremendamente ingeniosa, lleno de vida, más gordo que yo. Sabía divertirse”.

Siguiendo la tradición, Neumann fue un genio distraído. En cierta ocasión salió de su casa de Princeton porque tenía una cita en Nueva York. A mitad de camino se detuvo y llamó a su mujer:

– Oye, ¿para qué tengo que ir yo a Nueva York?

John von Neumann se interesó prácticamente por todo. Mientras fue profesor en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton se dedicó a investigar en meteorología, física cuántica, ayudó en la construcción de la bomba atómica, desarrolló la teoría de juegos, clave en la economía, puso las bases teóricas para desarrollar el ordenador y jugó un destacado papel en la política norteamericana cuando se le eligió como miembro de la Comisión para la Energía Atómica.

Se dice que Neumann pudo servir como modelo del doctor Strangelove, el genio loco interpretado por Peter Sellers en la película de Stanley Kubrick ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. Fue una de las cabezas pensantes que aclaró a los ciudadanos norteamericanos lo que eran la bomba atómica y los rusos y se declaró un esforzado garante del conocido refrán ‘quien golpea primero, golpea dos veces’. Para él lo mejor era atacar primero a la Unión Soviética.

Cuando conocía a alguien en alguna reunión o en una de las muchas fiestas que ofrecía en su casa una vez a la semana derrochaba encanto, y era capaz de abrumar a sus interlocutores manteniendo una conversación en cuatro idiomas diferentes. Pero quien quisiera conocerle mejor se enfrentaba ante un muro impenetrable. Adicto al trabajo, no podía decirse que fuera una persona sensible: su sentimientos, si los tuvo, los ocultó bajo varias toneladas de hielo. En Princeton se decía que Neumann era un semidiós que había hecho un estudio detallado de los seres humanos y los imitaba a la perfección. Claro que su elección fue imitar a un ser humano rico, pues gracias a su genio amasó una considerable fortuna. A este semidiós le encantaba la ropa cara, los chistes verdes, los buenos vinos, los coches rápidos, la comida mexicana y, evidentemente, las mujeres.

Neumann tenía una memoria fotográfica. Una vez le pidieron que recitara el principio de la novela de Dickens Historia de dos ciudades y comenzó, sin más, a recitar el primer capítulo. Después de un cuarto de hora le tuvieron que decir que podía parar. Asistir a sus seminarios era toda una prueba de rapidez a la hora de tomar notas. Escribía todas sus ecuaciones con letra pequeña y apretujada en un recuadro de no más de medio metro en una esquina de la pizarra. Escribía una fórmula y la borraba, luego otra y la borraba, y así todo el tiempo que duraba su charla. Los asistentes a sus seminarios lo llamaban “demostración por borradura”. En 1957, a los 53 años, el genial Neumann moría víctima del cáncer.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s