De aquí a la eternidad

Nada hay que dure eternamente, ni tan siquiera la materia. Si las teorías de gran unificación –que pretenden juntar en una tres de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza: la electromagnética y las fuerzas nucleares débil y fuerte- son correctas, el protón –y con él toda la materia- debe desintegrarse. Podemos estar tranquilos: su esperanza de vida es 20 órdenes de magnitud mayor que la edad del universo. Más crudo lo tiene el neutrón: en libertad, esto es, cuando no se encuentra encerrado en el núcleo atómico, vive unos 15 minutos.

Sólo el electrón aparenta ser eternamente estable, salvo que se encuentre con su contrapartida en antimateria, el positrón. Esta partícula es como la imagen especular del electrón: idéntico a él salvo que algunas de sus propiedades, como por ejemplo su carga, están invertidas. Así, el positrón tiene carga positiva en lugar de negativa. Cuando un electrón y un positrón se encuentran, desaparecen en un destello de energía. A veces sucede que antes de chocar orbitan uno alrededor del otro formando un sistema ligado que recibe el nombre de positronio. Este “átomo” no vive demasiado: solo una diezmilésima de millonésima de segundo. Realmente es muy poco, pero en la escala de las partículas subatómicas no lo es.

Si a nivel atómico quisiéramos señalar un elemento que dé aspecto de inmutabilidad a lo largo de la historia ése es el oro, uno de esos escasos metales que seguirán brillando con su color mientras el mundo sea mundo. Una capa de 18 electrones externos forman una resistente barrera contra el corrosivo oxígeno, que provoca la herrumbre. Su peculiar tono dorado se debe a que por encima de esos 18 electrones protectores se encuentra uno solitario. Cuando la luz azul incide sobre él se pone a vibrar, recuperando la compostura después de unas billonésimas de segundo. Si en un cuarto oscuro tuviéramos una luz azul purísima, todos los objetos presentes tendrían un color azulado excepto el oro, que parecería negro.

Y no sólo eso. Es posible que parte del oro de nuestro anillo o de nuestros pendientes y pulseras proceda de la antigua joyería egipcia o de los afortunados barcos españoles que, cruzando el Atlántico, pudieron evitar a los corsarios y las tempestades. Porque la producción mundial de oro desde el comienzo de la historia humana cabría en una cubo de 15 metros de lado. El oro es raro, todos lo sabemos. Lo que quizá no sea tan conocido es que sólo se crea en nuestra galaxia una vez cada 25 años, cuando una estrella masiva se convierte en supernova y explota.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Gabriel dice:

    En pocas palabras poco a poco todo ira desapareciendo?

    hasta el oro al final desaparecera, algo asi como la 2da ley de la termodinamica

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