Tapicería cósmica

Nuestra Galaxia, la Vía Láctea, pertenece a un pequeño cúmulo de nombre poco inspirado, el Grupo Local, que consta de unas 30 galaxias dispersas a lo largo, ancho y alto de una región de 3 a 4 millones de años-luz. Uno de los lados está anclado por la Vía Láctea, rodeada de una bandada de galaxias enanas; la majestuosa Andrómeda ―la única galaxia espiral que puede contemplarse a simple vista en el cielo de otoño― domina el otro extremo.

Dentro de los estándares de los cúmulos, nuestro Grupo Local no pasa de ser una pequeña ciudad en el campo, un lugar bonito para vivir lejos del bullicio de la gran ciudad. Las verdaderas megalópolis del universo, las Nueva York o Tokio del cosmos, son cúmulos como el de Virgo o el de Coma. El primero es el más cercano a nuestra pequeña ciudad. Está situado a 50 millones de años-luz y tiene una población de varios millares de galaxias. Por su parte, Coma es uno de los más densamente poblados, con un censo de 3 a 5 veces mayor. Las galaxias que habitan estos cúmulos son muy diversas, y van desde galaxias enanas hasta verdaderas gargantúas, las cD, los sistemas estelares más grandes del universo: son de 10 a 100 veces mayores que la Vía Láctea.

Pero es que, además, las ciudades cósmicas no tienen sus lindes bien definidas y se conectan entre sí mediante “puentes” de galaxias. Los astrónomos han descubierto que el cúmulo de Virgo no es otra cosa que un “chichón” en un larguísimo filamento formado por otros grupos de galaxias que, como las cuentas de un collar, se extiende casi directamente en dirección contraria a nosotros a lo largo de 300 millones de años-luz. Algunas galaxias parecen señalar hacia nosotros, como si fueran los radios de una bicicleta: son los “dedos de Dios”, filamentos de galaxias que parecen señalar hacia nosotros como los radios de una bicicleta. Incluso hay uno que parece el dibujo con palotes de un ser humano.

Durante décadas de observaciones los astrónomos han ido descubriendo un universo donde las galaxias se disponen del mismo modo que las motas de polvo se colocan sobre la superficie de las burbujas de un caldero de agua jabonosa: son las burbujas de Hubble ―en inglés Hubble Bubbles, un nombre que suena a chicle―. Estas burbujas no se distribuyen de manera aleatoria, sino alineadas, como las perlas de un collar roto o una hoja de papel arqueado. En el interior de cada burbuja no hay nada, sólo vacío. En la constelación del Boyero, a 500 millones de años luz de nosotros, existe una de esas monstruosas pérdidas de espacio: un vacío de 300 millones de años-luz de diámetro. Como declaró a la revista Time Margaret Geller, una astrofísica de Harvard, «el universo local se parece a un fregadero lleno de agua de lavar los platos».

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Cristian dice:

    Me gusto mucho tu post, lo suficientemente detallado como para poder imaginar de lo que hablas pero también bastante simple para que toda persona pueda entender.

    Me hubiese gustado algún link para poder ver las imágenes de las que hablas, seria genial.

    Saludos

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  2. El pequeño Richard dice:

    Vamos a ver, señor Sabadell, tengo una pregunta para usted… Huy, no, no, que eso es cosa de los políticos. En fin, que quiero preguntarle en qué se parece un elefante a una cama, ¿no lo sabe?
    Pues en que el elefante es paquidermo y la cama paquiduermas… Perdona, perdona es que tengo el día tonto.
    Saludos.

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  3. menot dice:

    Lo que parece no es!
    pra mi es un entramado neuronal!

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