Marte, toda una inversión

No se puede negar que el planeta Marte da mucho juego. De allí vino la invasión de H. G. Wells, fue el lugar donde Lord Dunsany colocó a sus “pastoreadores de humanos”, donde Ray Bradbury imaginó una avanzada y antigua civilización o de donde vinieron los insufribles marcianitos de Fredrick Brown de Marciano, vete a casa. En astronomía dio la puntilla al modelo geocéntrico del Sistema Solar al calcular Kepler su órbita verdadera: una elipse con el Sol en uno de sus focos.

También el pobre Marte ha sido el planeta gafe de la aventura espacial: más de la mitad de las misiones soviéticas y la tercera parte de las norteamericanas han acabado en desastre. La ESA tampoco se ha salvado de meter la pata. Como recordarán, la Beagle 2 tenía que aterrizar allí en 2003, pero se perdió y todo el mundo supone que se estrelló contra la superficie. Lo llamativo es que cuando se hizo público el informe técnico donde se analizaba el desastre… Bueno, eso de que se hizo público es un decir, porque en realidad la Agencia Espacial Europea y el gobierno del Reino Unido -la sonda era responsabilidad británica- se vieron forzados a hacerlo porque la revista New Scientist apeló al Acta de Libertad de Información para hacerlo público. Otros intentos anteriores, como el de los científicos involucrados en el proyecto, habían sido rechazados sin contemplaciones aduciendo que contenía información privilegiada sobre aspectos técnicos y comerciales.

¿Qué misterio se ocultaba tras sus páginas? Pura y simple incompetencia. Como el cambio en el último minuto del paracaídas de descenso sin realizar las oportunas pruebas o el recorte presupuestario que sufrió el proyecto porque el gobierno británico no consiguió recaudar el dinero necesario. Esto hizo que se cometieran errores de diseño, como no considerarla una nave espacial por derecho propio y así recortar el gasto en materiales y controles.

Tras el desastre del Challenger en 1986 la exploración espacial cayó en un profundo pozo. Pero el planeta rojo vino al rescate. Bastó con explotar esa humana obsesión por buscar compañía ahí fuera: el descubrimiento de posibles pruebas de la existencia de vida microbiana, anunciada a bombo y platillo en 1996 y que después ha quedado en agua de borrajas, dio el banderazo de salida a una verdadera invasión marciana, solo que en sentido contrario. Y, de regalo, inventarse una nueva ciencia que los críticos dicen que es la única que no tiene objeto de estudio: la astrobiología.

Eso sí, descubrimientos, lo que se dice descubrimientos, aún no ha habido demasiados. El estudio global de un planeta no es algo que se pueda hacer de un día para otro, pero hay que responder ante los expectantes contribuyentes. Así que la NASA y la ESA se afanan por dar majestuosas ruedas de prensa para desvelar algo que nadie sabía: que hay agua en Marte. ¿Se han dado cuenta que casi cada año la noticia es que no-sé-qué-sonda ha encontrado una prueba (más)? Todo es resultado de una simple fórmula: agua = ET = dinero. ¡Ya vale, hombre! Ahora los marcianólogos tienen un nuevo juguetito: también han encontrado metano. A ver si les cunde tanto como el agua.

(Aparecido en Muy Interesante)

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Urania dice:

    Jaja, Marte es el planeta de la valentia, y de tomar riezgos.

    Saludos

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