¿Fotografías del cuerpo astral? ¡Venga ya!

En 1937 el electricista armenio Semion Kirlian observó, mientras reparaba un aparato eléctrico, un destello entre su mano y un electrodo cubierto de cristal. Decidió fotografiar ese destello luminoso y apareció su mano rodeada de una luminosidad casi fantasmagórica. El sistema es simple: una placa metálica, que proporciona una descarga de alto voltaje y muy baja intensidad, protegida por un vidrio sobre el que se coloca un papel fotográfico. Encima de todo se pone el dedo, la mano o lo que se quiera. Kirlian pensó que podía utilizarse para diagnosticar enfermedades. Escribió numerosos artículos y en 1963 la Fuerza Aérea de EE UU tradujo uno donde resumía las técnicas experimentales empleadas, pero no se le hizo mucho caso.

Todo cambió cuando dos periodistas norteamericanas, S. Ostrander y L. Schroeder, publicaron el libro Descubrimientos psíquicos tras el telón de acero (en España se tituló Manual de experimentos parapsíquicos). Con el fino olfato de los vendedores de best sellers, bastó con cambiar “propiedades eléctricas de los tejidos” por “aura” o “campo de energía humano” para que la fotografía Kirlian pasara a mostrar nuestro cuerpo astral en colorines. Los parapsicólogos occidentales no dejaron escapar esta oportunidad: Thelma Moss afirmó que no solo se fotografiaba el aura sino también su estado de conciencia (si estaba meditando o bajo la influencia de alguna droga).

Pero ciertos asquerosos científicos negativistas realizaron lo que nadie había hecho hasta entonces: experimentos controlados. Cooper y Alt demostraron que no se fotografiaba nada dentro de una cámara de vacío; curiosa dependencia del aura con la atmósfera. Alain Ledoux mostró con claridad meridiana que la mejor forma de potenciar el aura era sumergirse en un baño de ácido. Es tan potente que hasta una simple hoja de papel acaba mostrando un aura magnífica. Y si añadimos que la intensidad del aura puede aumentarse apretando con fuerza sobre el cristal o colocando un pie sobre un metal para descargar a tierra, que su color depende del tipo de placa fotográfica y de si su parte posterior es transparente u opaca, uno se puede imaginar dónde queda “el descubrimiento paranormal del siglo XX”.

Este fenómeno realmente se descubrió en 1777, cuando G. C. Lichtenberg describió las chispas dejadas por el polvo en una placa de resina al aplicar una descarga de alto voltaje con una aguja. Es el efecto corona: cuando una avalancha de electrones producida entre dos electrodos (la placa del aparato Kirlian y un dedo) choca con las moléculas de aire, las ioniza y produce una emisión de un tono azul violáceo. Ni aura ni gaitas.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Yohanna dice:

    Dios mio!!!! Como osais decir semejante barbaridad?? Que diria Iker Iker Jimenez?? Jeje

  2. Veo muy interesante el hecho que te intereses por la fotografía Kirlian, si se trata de darle una ulidad en el área de la salud, salvando vidas muchas veces, ya sea del retrato del aura o la ionización de gases, lo importante es que el método funciona desde hace 71 años en muchos hospitales de diferentes países.
    Por otro lado dejame decirte que soy propieraria de la foto y que está registrada internacionalmente por lo que te pido cites la fuente y mi nombre. Muchas gracias.

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