Difracción

La próxima tarde soleada bajemos las persianas de manera que pase la luz entre las rendijas y fijémonos en la imagen que proyectan sobre el suelo: descubriremos que su tamaño es superior al de la rendija, algo que, si lo pensamos un poco, no podría suceder. Sin embargo, así es. La luz, como todas las ondas, es capaz de “doblar las esquinas”. A este fenómeno se le llama difracción.

La luz se esparce alrededor del borde de un obstáculo e ilumina la parte del suelo que, en realidad, debería estar en sombra. Y no sólo eso. Si nos fijamos con cuidado veremos que la intensidad no es uniforme en toda la mancha luminosa, sino que va decreciendo gradualmente a ambos lados del centro. Este hecho fue descrito maravillosamente por Thomas Young a principios dell siglo XIX, cuando en dos famosos artículos expuso lo que llamó la ley general de la interferencia de la luz.

El gran debate sobre si la luz era una onda o una partícula se había decantado por esta última gracias al buen hacer de Newton y a que los científicos ondulatorios eran incapaces de solventar la gran pregunta: si realmente la luz es una onda, ¿por qué no dobla las esquinas? «El tañer de una campana —argumentaba Newton— se puede escuchar detrás de una colina a pesar de que la intercepta… pero a la luz nunca se la ha visto doblarse hacia la sombra». Young demostró con su teoría de interferencias que la luz ciertamente ‘doblaba la esquina’, pero no tan exageradamente como el sonido o las olas en un estanque.

Y es gracias a la difracción de la luz, más concretamente a la de los rayos X, con la que hemos conseguido determinar, no sólo la estructura de los sólidos cristalinos, sino la del propio ADN, en forma de doble hélice.

Pero no pensemos que la difracción sólo tiene esos usos tan científicos y extremadamente esotéricos. Por supuesto sin saberlo, los piratas eran capaces de descubrir dónde había islas simplemente fijándose en la forma que adquirían las olas del mar y los micronesios, para viajar de isla a isla, usaban no sólo las estrellas sino también los patrones de olas característicos originados por las estructuras submarinas situadas en alta mar.

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