Ese pequeño gran milagro

El origen de la vida en la Tierra ha sido resuelto a lo largo de la historia como un acto de creación por parte de un dios todopoderoso que insuflaba a la materia inanimada un espíritu vital.
Por esta razón, desde los tiempos más remotos y hasta bien entrado el pasado el siglo el ser humano ha creído que la vida podía originarse de la materia inanimada. Los antiguos filósofos observaron la aparición de gusanos de la materia putrefacta, lo que era considerado como la prueba irrebatible de que la vida surgía espontáneamente del fango. Esta idea de la generación espontánea fue aceptada por todos los científicos durante la gran expansión de la ciencia en los siglos XVII y XVIII.

Todos sabemos que quien dio el golpe de gracia a esta teoría fue el bioquímico francés Louis Pasteur, pero muy pocos reconocerán el nombre de Francesco Redi, médico en la corte de Fernando de Medici, como el primero en abordar el problema de manera científica. Para ello Redi colocó un pedazo de carne en el interior de dos jarras. Una de ellas la cubrió con una gasa y la otra la dejó al descubierto. Las moscas, unos animalillos muy abundantes en la Florencia del siglo XVII, dejaron sus huevos en la carne podrida de la vasija al aire y sobre la gasa de la otra, con lo que los gusanos blancos aparecieron en la carne podrida de la dejada al aire y no en la cubierta por la gasa: Redi había demostrado que nacían de los huevos depositados por las moscas y no por generación espontánea de la materia en descomposición.

Sin embargo, sus experiencias no acabaron con la idea de la generación espontánea. En su contra se alzaban, por ejemplo, las autorizadas opiniones de personas tan ilustres como Van Helmont . Para Van Helmont la clave de la vida residía en la fermentación y propuso diversos métodos para generar seres vivos. Así se pueden hacer aparecer ratones de la nada:

Si se estruja una camisa sucia a través de la boca de un tarro que contenga algunos granos de trigo, la fermentación que exuda la camisa sucia, alterada por el olor de los granos de trigo, da lugar, al cabo de unos veintiún días, a la transformación del trigo en ratones.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    Por favor, antes de decir tonterías y transmitir una imagen falsa de la historia de la ciencia investiga un poco el tema que trates, mejorarás tú y tus lectores no serán engañados.

  2. anonimo dice:

    eso es muy cierto

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