¡Qué difícil es ser astrónomo!

Cada 105 ó 121 años, eso depende, desde la Tierra podemos observar el paso de Venus por delante del Sol. Los astrónomos lo llaman un tránsito de Venus y sólo puede suceder entre el 1 y el 8 de junio o entre el 4 y el 9 de diciembre. Además, si cierto año vemos un tránsito, ocho años más tarde sucederá otro. Después deberemos esperar más de cien años para que se vuelva a repetir el fenómeno.

Este fenómeno astronómico ha sido de gran importancia en la astronomía. Por este motivo, en 1761 numerosos astrónomos marcharon a diferentes lugares del mundo para poder establecer una red de observación lo más extensa posible. Uno de estos astrónomos era Guillaume Le Gentil, miembro de la Academia de Ciencias francesa.

En marzo de 1760 embarcó con dirección a la India. En previsión a la duración, los riesgos del viaje y la necesidad de encontrar un buen emplazamiento para colocar sus instrumentos, Le Gentil fue cauto y salió con 15 meses de adelanto. Mientras tanto, estallaba la guerra entre Francia e Inglaterra por el dominio colonial de la India. Cuando el barco en que viajaba Le Gentil avistó la costa india, los ingleses ya habían tomado el puerto al que se dirigía y tuvieron que dar la vuelta y refugiarse en la lejana isla Mauricio.

El 6 de junio de 1761, cuando Venus pasaba delante del Sol, Le Gentil seguía viajando. En lugar de regresar, Le Gentil decidió esperar a que se repitiese el tránsito ocho años más tarde, en 1769. Se estableció en Madagascar y, aprovechando una invitación, zarpó rumbo a Filipinas. Le Gentil preparó sus instrumentos. Entonces le llegó la noticia de que la guerra había terminado con victoria británica. Restablecida la calma, Le Gentil desmontó su observatorio y volvió a la India. Llegó el 27 de marzo de 1768 y las autoridades le proporcionaron todas las facilidades posibles. Tenía todo un año por delante para preparase.

Por fin llegó el día, el 4 de junio. Le Gentil estaba tan nervioso que no durmió nada la noche anterior. Pero al amanecer del día señalado unas oscuras nubes apuntaron por el horizonte: Le Gentil sólo pudo ver nubes de tormenta mientras Venus volvía a pasar delante del Sol. Ya no podía esperar al siguiente tránsito, que sucedería 105 años más tarde. Le Gentil desmontó de nuevo su observatorio y puso proa hacia París.

El regreso fue muy accidentado: tormentas y corsarios retrasaron el viaje, llegando a Francia en octubre de 1771, casi 12 años después de su partida. En casa nadie había tenido noticias suyas. Ninguno de sus informes y cartas habían llegado por culpa de la guerra, las tormentas y los piratas. Le Gentil estaba oficialmente muerto. Sus herederos se había apropiado de sus bienes y su sillón en la Academia de Ciencias había sido ocupado por otro científico. Le Gentil impugnó su defunción pero tanto por las dificultades legales como por la oposición de sus herederos a que se le reconociera vivo, durante los 21 años que aún estuvo sobre el planeta no consiguió que la justicia le reconociera que todavía respiraba.

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