Popov, el olvidado

Al mismo tiempo que el famoso Marconi realizaba sus investigaciones sobre la telñegrafía sin hilos en casa de su padre, en 1895 Alexander Stepanovich Popov hacía lo mismo en su laboratorio de San Petersburgo.

Popov entró en el mundo de la telegrafía sin hilos porque quería desarrollar un detector que permitiera predecir las tormentas. La idea base era la detección de la electricidad estática. De hecho, si ponemos la radio en la banda de amplitud modulada (AM) durante una tormenta descubriremos lo fácil que se convierte nuestro receptor en un detector de tormentas.

Un día de mayo de 1895 Popov envió y recibió una señal a casi 600 metros de distancia, y en marzo de 1897 equipaba el crucero ruso África con un receptor de radio. Mientras en la costa, en Kronstadt, instalaba otro similar: era el nacimiento de la comunicación marítima por radio.
En 1900 sucedió un desastre. El buque de guerra Almirante General Apraksin estaba atrapado en los hielos en el golfo de Finlandia.

El sistema de radio de Popov permitió al barco contactar con las estaciones de las islas Hogland y Kutsalo, a 45 kilómetros de distancia. Estas estaciones enviaron señales al rompehielos Ermak que puso rumbo hacia el lugar donde se encontraba el Apraksin. La visión del Ermak surgiendo de la niebla debió parecer a los marineros un milagro imposible y Popov, este hijo de un reverendo del distrito minero de Turinsk en los Urales, algo parecido a un ángel.

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