Códigos ocultos españoles

El 26 de febrero de 1813 nacía Gustave Adolph Bergenroth en Marggrabowa, un lugar que en palabras de su biógrafo era “una insignificante ciudad en el más remoto y seco rincón de la Prusia del Este”. Estudió en la universidad de Königsberg, donde fue un personaje muy popular entre sus compañeros. Allí se dañó seriamente la muñeca derecha durante un duelo; una forma de pasar el tiempo muy prusiana.

Tras trabajar en Colonia y Berlín, embarcó en 1850 rumbo a California y, tiempo después, en septiembre de 1860, recaló en España. Más concretamente en Simancas, en la provincia de Valladolid. El motivo era bien simple: allí se encontraba (y se encuentra) el famosísimo Archivo General. El gobierno británico le encargó que encontrara, listara y resumiera los documentos de Simancas relacionados con la historia inglesa.

Vivía en una especie de hotel, el Parador de la Luna. La Simancas de entonces fue descrita así por un amigo que fue a visitarlo:
“Es una colección de casuchas miserables, la mitad enterradas en el polvo y la arena. No hay ninguna buena casa allí. El lugar donde vivía Bergenroth pertenecía a la granja de un alguacil, con dos pisos, con todas las habitaciones enyesadas y los suelos de ladrillo. No hay ninguna chimenea en las habitaciones y siendo el invierno muy crudo de noviembre a febrero y con las paredes tan llenas de agujeros, sólo el profundo deseo de servir a la historia puede reconciliar a un hombre a vivir en tan duras condiciones.”

Y no sólo eso. También tuvo que aguantar el ruido de la plaza donde daba su ventana, siempre poblada de carros tirados por burros, el sonsonete de una dulzaina que sólo tocaba dos canciones, y al ama de la casa aporreando una guitarra.

En el Archivo General tampoco le acompañó la buena suerte. No sólo tenía una cantidad inmensa de documentos para revisar -100.000 legajos de entre 10 a 100 documentos cada uno- sino porque contó con la ‘patriótica’ oposición del archivero. Pese a todo su trabajo fue inmejorable. No sólo halló los documentos sino que reconstruyó 19 nomenclátores criptográficos, cada uno de ellos con 2.000 a 3.000 elementos. Y todo en 10 meses, lo que significa que rompía un código secreto español cada dos semanas. De este modo Bergengorth superó los logros de muchos criptoanalistas profesionales.

Este historiador, que legó al mundo su monumental Calendarios de Cartas, Despachos y Papeles de Estado relacionados con las negociaciones entre España e Inglaterra, murió en 1869, nueve años después de su llegada a Simancas, de una fiebre que contrajo allí.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. david dice:

    creo ke tengo la respuesta de la materia oscura no soy cientifico pero si un ronpe cabezas con los enigmas,los cientificos saben ke esta en todos lados en el espacio representa un 96% incluso en la tierra lo curioso ke tiene masa

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