Hunter, el robacadáveres

Cuando se está enfermo lo menos que uno quiere es que le ingresen en un hospital. Y menos aún, pasar por el quirófano.

La cirugía es algo terrible pero antes lo era aún más, cuando todavía no se conocía la anestesia. Fue en el siglo XVIII cuando la cirugía se elevó a la categoría de medicina profesional gracias a John Hunter, hijo de un caballero escocés y el menor de 10 hermanos.

De espíritu curioso, en 1748 abandonó Escocia para ponerse a las órdenes de su hermano William, un médico muy reputado de Londres. Su trabajo consistía en preparar las disecciones anatómicas para las clases de su hermano en las que descubrió tener una habilidad innata con el escalpelo. Tras un año de duro entrenamiento adquirió la preparación necesaria para realizar operaciones quirúrgicas y supervisar a los alumnos de su hermano.

Por aquella época existía una profunda división social entre el médico, un hombre con estudios, y el cirujano, un simple artesano que adquiría la experiencia necesaria con la práctica. Hunter se pasó 11 años aprendiendo anatomía. El material necesario lo conseguía como cualquier otro médico: haciendo tratos con los ladrones de cadáveres, que robaban los cuerpos recién enterrados.

En 1760 ingresó en el ejército como cirujano y allí demostró que podían evitarse las amputaciones -práctica habitual en las guerras- si las heridas de bala se trataban adecuadamente. Su esfuerzo y dedicación se vieron recompensados al ser nombrado cirujano general e inspector general de hospitales en 1790.

Durante todo ese tiempo Hunter había desarrollado una gran pasión por el coleccionismo de animales muertos y otras rarezas. Su obsesión era tal que intentó conseguir el cadáver del irlandés Charles Byrne, conocido como O’Brien, un gigante que en vida midió alrededor de 2 metros y medio. O’Brien había pedido que lanzaran su cuerpo al Támesis en un ataúd de plomo para que su cuerpo no cayera en manos de Hunter. No pudo ser. Hunter pagó 500 libras a la funeraria y robó el cadáver. Y se cuenta que lo hizo llevar desnudo en su propio carruaje para que no le acusaran de robar ropaje funerario.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. asimov dice:

    Era mayor su interés por la investigación, que las posibles consecuencias o impedimentos para realizar su trabajo.

    salu2.

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