Paranormalia

¿Sabía que el agua tiene memoria? ¿O que las cucarachas son capaces de mover objetos con el poder de su mente? ¿Que conviven entre nosotros doce razas distintas de extraterrestres y a algunos les encanta la música tibetana y los helados de fresa? ¿Sabía que Jesucristo era una potente fuente radiactiva? ¿Que una de las diversiones del demonio es poseer a indefensas criatu¬ras? ¿Que la CIA emplea a personas capaces de ver dónde se encuentran los misiles enemigos sin salir del salón de su casa? ¿Que hay lugares donde desaparecen barcos, aviones y personas sin que nadie sea capaz de encontrarlos? ¿Sabía que los muertos hablan con nosotros, que mueven mesas, sillas y vasos? ¿Incluso que hacen levitar a la gente?

Si su respuesta a todas estas preguntas es afirmativa, no cabe duda que es un visitante asiduo del planeta de los fenómenos extraños. Si no es así, si en su vida lo único misterioso y sobrenatural es cómo llegar a fin de mes sin deber un duro, no se preocupe. Sea bienvenido a un mundo donde la lógica de las facturas no funciona, donde las piedras no caen hacia abajo. No, no se trata del país de las maravillas de Alicia. En el mundo al que va a entrar hasta la sonrisa del gato de Cheshire desaparecería. Bienvenido a Paranormalia.

En Paranormalia todo es posible. No existe la lógica, al menos tal y como la conocemos. Quizá la única conexión con nuestro mundo es el deseo de sus habitantes de ver confirmados sus más íntimos anhelos, de hacer dinero rápida y fácilmente, de conseguir fama y reconocimiento o, simplemente, de llamar la atención. No hay que buscarlo en otro sistema solar, en otra galaxia, en otro universo. Nos lo encontramos cada día en farmacias, librerías, radio, televisión. En ocasiones es muy difícil distinguir cuándo se ha entrado en él: nuestra única guía es el sentido crítico el cual, desgraciadamente, no lo enseñan en la escuela.

Aunque Paranormalia siempre ha estado entre nosotros, su entrada en la era moderna ocurrió la noche del 31 de marzo de 1848 en un pueblecito norteño de Estados Unidos llamado Hydesville. Esa noche los muertos decidieron que ya estaban hartos de deambular por el más allá. Aburridos de tanta paz y felicidad, añorando quizá el bullicio y la diversión de su vida anterior, se acercaron a nuestro mundo. Desde Hydesville se lanzaron a conquistar la gloria. Eso sí, como seres espirituales que eran, necesitaban de personas que fueran sus intermediarios: algo así como sus agentes artísticos. A estos elegidos se les llamó médiums.

En las sesiones espiritistas ofrecían paz y tranquilidad a quienes tenían miedo a la muerte, o ponían en contacto a las familias con sus difuntos, sólo por unas cuantas monedas. Los médiums realizaban fenómenos prodigiosos: levitaban, movían mesas y sillas, y algunos conseguían materializar a estos seres descarnados. Entre tanto prodigio hay un insignificante detalle que no suele mencionarse: nadie sabe muy bien por qué, pero los espíritus detestan la luz. Por eso todas las sesiones espiritistas debían realizarse en total oscuridad o con una luz muy débil. Lo más llamativo de todo es que estos prodigios dejaron de producirse en cuanto se inventaron técnicas para poder ver en la oscuridad. Debemos ser condescendientes: los pobres espíritus son muy tímidos.

Desde entonces el espiritismo se reduce a comunicaciones completamente banales: el médium habla y el resto escucha. Aunque a veces no puedo evitar pensar que es preferible seguir vivo y no morir nunca. Porque si se escucha lo que dicen no queda más remedio que preguntarse si al morir uno se vuelve imbécil. El biólogo Thomas Huxley escribió a este propósito :
“La única cosa buena que veo en una demostración de la verdad del espiritismo es que proporciona un argumento adicional contra el suicidio. Es preferible vivir como un pelagatos a morir y que un médium te haga decir una serie de sandeces a guinea la sesión.”

El espiritismo preparó el camino a toda una invasión de fenómenos extraños. Poco a poco en nuestro planeta han ido apareciendo personas que dicen ser capaces de doblar cucharas con el poder de la mente, pero una mente que necesita de una cuchara preparada previamente para que se rompa. Otros afirman visitar lejanos lugares con el llamado ‘ojo de la mente’. Ese ojo debe ser miope, porque sus descripciones son tan vagas que puede tratarse tanto de un barco como de un reloj de cuco o un pez abisal.

Algunos llegar a escribir, sin ningún tipo de sonrojo, que las plantas tienen sentimientos. Evidente. De todos es conocido el complejo sistema nervioso de los vegetales y lo que gritan los tomates cuando se prepara un gazpacho. Otros, sin sentido alguno del ridículo, dicen que las cucarachas y los embriones de pollo, dentro del huevo, son capaces de mover objetos mentalmente. No se rían, no tiene nada de extraño. También es bien conocido que algunos humanos con menos seso que un mosquito pueden conducir un coche. Lo que ya no es tan fácil de entender es por qué las cucarachas no consiguen inutilizar los esprays matacucarachas.

También se habla mucho de la telepatía o de la videncia. Menos mal que no están muy extendidas, porque si no telefónica, los casinos de juego y el Estado estarían arruinados. Eso sí, con ese cuento telépatas y videntes mueven varios miles de millones de pesetas anuales. Ahora viven como reyes, aunque sus aciertos se puedan contar con los dedos de una mano. Antes, si se equivocaban, los arrojaban a los leones.

Otro de los grandes misterios es el de los llamados ovnis. Un ovni es un objeto volante no identificado, pero ese no es el significado que realmente tiene. Cuando se habla de ovnis se habla de PONEBID: Portentosa Nave Extraterrestre con Bicho Inteligente Dentro (Félix Ares dixit). Aunque, la verdad, viendo lo que hacen -perseguir avioncitos, asustar a buenas gentes y contactar con iluminados que en otro tiempo habrían sido tratados médicamente- es para dudar de que realmente sean inteligentes. Lo bueno es que desde 1980 se dedican a otros menesteres quizá más gratificantes: raptan humanos para experimentar con ellos y mantener relaciones sexuales.

Si, como dicen los ufólogos, una de cada tres personas ha sido secuestrada, este planeta debe ser Jauja; ríanse de paraísos sexuales como Tailandia. Ya imagino la publicidad de una agencia de viajes extraterrestre:
¿Está aburrido de hacer siempre lo mismo, hastiado de un sexo culto y refinado? ¡Vaya de vacaciones a la Tierra! ¡Sus primitivos habitantes le despertarán sus más bajos instintos!

Otro terreno inagotable es el de la salud. Si las antiguas civilizaciones tenían hechiceros la nuestra tiene curanderos. Iluminados por un poder espe¬cial procedente de los más pintorescos lugares, desde la virgen a los extraterrestres, afirman ser capaces de curar desde un catarro hasta el cáncer o el sida. El problema surge cuando a ellos acude alguien realmente enfermo, alguien con una enfermedad donde el componente psicológico no es tan importante como para provocar una remisión aparente. Entonces, abandonando el hospital y el tratamiento médico, el ilusionado paciente muere. Poco a poco la gente se va dando cuenta que el buen señor, o señora, es un vividor; que con el dinero de sus pacientes el caradura se ha comprado un chalet de varios millones de pesetas y vive como un jeque del petróleo. Quizá logren echarlo del lugar, pero da igual. La salud es un bien preciado y escaso. Nuestro curandero sabe que 300 kilómetros más allá encontrará a otras buenas gentes a las que timar.

¿Qué decir de la famosa memoria del agua, que algunos esgrimen como justificación de la homeopatía? ¿Es que el agua —y sólo el agua— puede tener recuerdos de lo que ha hecho, de donde ha estado? El verano pasado estuve en Amsterdam, el anterior en San Francisco… Según algunos homeópatas el agua recuerda que hubo un tiempo en que chocó con «algo» que producía los mismos síntomas que la enfermedad que se pretende curar. En el choque, mediante algún pase mágico, esa sustancia le transmitió sus ‘poderes curativos’. No está muy claro qué quiere decir eso, pero da igual. La pregunta viene cuando uno se plantea: si el agua tiene memoria y acumula todas las propiedades de las sustancias con las que interacciona, ¿qué ocurre con el agua que consumimos? Aunque depurada, ha estado en contacto con multitud de porquerías y productos tóxicos. Si el agua tuviese memoria, nadie en este mundo estaría a salvo.

Todo esto no son más que ejemplos, en tono de humor, de la insensatez que nos acosa a la vuelta de la esquina. La irracionalidad es democrática: no distingue inteligencia, ni clase social, ni profesión. El mundo de Paranormalia es amplio. Crece como la mala hierba, cualquier terreno sirve. Lo más curioso de todo es que fervorosos creyentes y los que viven del cuento acusan a los que denuncian el engaño de ser inquisidores, de quema-brujas. No recuerdan que las quemaban quienes creían en ellas. Olvidan que hace 300 años, en Salem, sus precursores ideológicos condenaron a muerte a 31 personas inocentes.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Sise dice:

    Anda yaaaa! Si tú eres el primero al que le encantan las pelis de miedo!!!

  2. Luis B. dice:

    Ojo, de acuerdo con todo menos con lo de la homeopatía.

    Mi profesor de Literatura se las daba de homeópata. No hablo de un amigo de mi profesor, ni del primo de su cuñado: hablo de mi profesor, directamente, de literatura. No era un hombre con el que hiciese muchas migas, pero bueno.

    Mi profesor de Biología, Jose Ángel, una de las personas que, aún pasados 4 años, admiro muchísimo (lo tuve en 2º de Bachiller y 3º ESO), del cuál su mujer fué profesora mia en la guarderia brevemente, y de hecho, tenian una foto mía con ellos cuando era un niño, contó, no solo a mí, sino a toda la clase, cómo sus hijos con varicela se habían curado de la noche a la mañana, y sino en un día, tras un pequeño interrogatorio de este profesor y un procedimiento un poco raro, para que pudiesen asistir a carnaval (creo que era). Según recuerdo era con harina en las erupciones cutáneas (por si las moscas no lo recomiendo).

    Mi profesor de matemáticas, que no era matemático sino físico, otro que admiro muchísimo, también fué tratado por él y según el resultó una mejoría, sobre una enfermedad que tenía en las manos.

    A una compañera mía le hizo desaparecer los dolores de la regla, pero juro que de esa sí que no me creo nada xD

    Sinceramente, estoy a favor de la medicina tradicional, ya que es evidente que cuando se te rompe un hueso, se te ha roto. Pero sin embargo ¿Qué sucede cuando alguien tiene una verdadera depresión? ¿Hay algún fenómeno físico asociado a ella? No sé medicina como para afirmar que la actual se basa demasiado en el cuerpo, cuando es posible que la mente provoque *muchos* desordenes. Es diferente el apetito, el pulso y la tensión cuando hay stress, y esto se ha de reflejar en el cuerpo.

    No olvidemos que se supone que tanto la homeopatía como el efecto placebo (que teóricamente provocaría su curación) son unos de los enigmas, o lo erán hace unos años, a los que se enfrenta la ciencia.

    Tachar la homeopatía tan bruscamente puede convertirse en tachar una teoría porque otra funcione bien. Necesitamos pies de plomo.

    PD- hay una versión en la wikipedia, pero no la encontré, así que bueno, es lo que hay:
    http://www.elmundo.es/elmundo/2005/03/22/ciencia/1111509888.html

  3. Joaquín dice:

    A mí no me extraña que la gente crea en lo paranormal, teniendo en cuenta que una de las creencias más generalizadas y aceptadas de nuestra sociedad es que, cuando morimos, nuestra alma va al cielo donde se encuentra con dios, san pedro, santo dominguito de val, san apapucio, los seres queridos, los ex, los vecinos y todo el barrio ya fallecido. La imaginería de cualquier religión es tan absurda como la de lo paranormal, pero se acepta sin mayores contratiempos. Por poner un ejemplo, todos los compañeros de clase de mi hijo mayor (excepto él) han comulgado. ¿¿?? ¿Quiere eso decir que sus padres son unos crédulos sin capacidad de razonar? No lo sé. Tal vez sean simplemente crédulos de una inercia, de un corpus de creencias admitidas socialmente y exentas por tanto de críticas racionales.
    En definitiva, cualquier clase de creencia (religiosa o paranormal) evidencia que el ser humano sí utiliza el 100 % del cerebro (y no el 10% como se decía antes). El 10% es para razonar (en las ciencias) y el 90% se lo reparten las artes y las creencias.
    Saludos
    Joaquín

  4. Isis dice:

    Me gusto mucho su blog! Voy a ler con calma…

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