El filósofo astrónomo

Georg Wilhelm Friedrich Hegel está considerado como uno de los filósofos más importantes de la historia. Ahora bien, nadie está libre de meter la pata y él no fue una excepción.

En el primer año del siglo XIX Hegel presentaba su habilitación para obtener el empleo de lector en la Universidad de Jena. El título de su tesis era Disertación filosófica sobre las órbitas de los planetas. Hegel sostenía que en el Sistema Solar no podía haber más de siete cuerpos girando alrededor del Sol. Evidentemente, los siete que se conocían entonces: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y el último, Urano, descubierto en 1781. A lo largo de las páginas de su tesis lo único que se podía encontrar eran puros postulados filosóficos e ideas preconcebidas.
Hegel la defendió el 27 de agosto de 1801.

Para su desgracia, el italiano Giuseppe Piazzi, director del observatorio de Palermo, había descubierto ocho meses atrás, concretamente el día 1 de enero, una estrella que parecía moverse respecto a las otras. Dos días después confirmaba su descubrimiento: la estrella en cuestión era otro cuerpo del Sistema Solar. La noticia del descubrimiento de Piazzi corrió como la pólvora pues suponía la confirmación de una ley empírica llamada ley de Titius. Esta ley, formulada años antes, era una fórmula matemática con la que calcular la distancia de los planetas al Sol.

Cuando Piazzi descubrió su planeta todo el mundo esperaba con los dedos cruzados a que se calculara su órbita. ¿Seguiría funcionando la ley de Titius? Así fue. El nuevo cuerpo celeste fue bautizado con el nombre de Ceres. Era demasiado pequeño para ser un planeta como los demás por lo que al principio le llamaron planetillo. Hoy sabemos que se trata de uno de los miles de cuerpos que componen el famoso cinturón de asteroides situado entre Marte y Júpiter.

La noticia del descubrimiento de Ceres estaba en boca de todos los astrónomos alemanes, pero el joven Hegel no era astrónomo sino filósofo. Ocho meses después del descubrimiento, mientras defendía su tesis, Hegel aún no se había enterado.

El duque de Sajonia Ernst von Sachsen-Gotha envió a su astrónomo Franz von Zach un ejemplar de la tesis de Hegel. Zach pudo leer en él la siguiente leyenda de puño y letra del duque: «Monumento a la locura del siglo XIX».

Suerte que a finales de ese año publicó su primera obra de filosofía, La diferencia entre los sistemas filosóficos de Fitche y Schelling, con lo que comenzaría una carrera brillante en esta rama del pensamiento.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. jesus dice:

    A partir de entonces, Hegel se encargó de que las conclusiones de sus argumentos tuvieran menos posibilidades de ser verificadas empíricamente (a base de oscurecerlos aún más). Y aún así, siguió metiendo la pata bastante (cf. su “filosofía de la naturaleza”).

    Hay quien ha dicho que el gran problema de la filosofía alemana ha sido que, desde finales del XVIII, casi todos sus grandes filósofos salieron de facultades de Teología. Así les fue.

  2. elnahue dice:

    Coincido absolutamente con Jesús. Cuando de filosofía alemana se trata hay que abstenerse de las tres H.( Hegel, Husserl, Heiddeger) Son pura sanata.

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