Crear vida en un laboratorio

¿Tiene lógica la vida? ¿Es algo extraordinario, una de esas cosas que suceden solo de vez en cuando? Preguntas como estas son las que se esconden detrás de una carrera frenética que comenzó escasamente hace una década: diseñar y construir una célula artificial.

Fue el sueño y la maldición de Victor Frankenstein, que construyó un hombre a partir de trozos de cadáveres. Pero el enfoque literario de Mary Shelley poco tiene que ver con un campo que ha visto incrementar su popularidad entre los científicos desde que se secuenció el genoma humano. Frankenstein tenía más de ingeniero que de científico; le interesaba más que su creación funcionara que entender por qué funcionaba.

El Laboratorio de Sistemas Complejos dirigido por Ricard Solé, catedrático de la Universidad Pompeu-Fabra de Barcelona y del Instituto de Santa Fe, EE UU, se acerca más a que se le acuse, como sucedía en la popular novela, de “jugar a ser Dios”. Hace cuatro años emprendieron un camino totalmente ignoto, donde prácticamente no existía ningún resultado: modelar la vida en un ordenador, programar el ciclo completo de replicación de una protocélula.

Para Solé y su equipo lo importante son las reglas que hay debajo de lo viviente. “Si la vida no es algo extraordinariamente improbable, podemos acceder a su lógica”, comenta Solé. “Tratamos de establecer la teoría básica”.

Hace casi un lustro algunos pensaban que semejante objetivo era un puente demasiado lejano, que las dificultades teóricas a las que se enfrentarían serían casi insuperables. No fue así, aunque el camino no ha estado exento de importantes obstáculos. “Un resultado sorprendente que surgió de los modelos es que no nos costó demasiado obtener sistemas capaces de replicarse”, añade.
La línea de investigación del Laboratorio se integra dentro de un proyecto donde trabajan 13 grupos europeos: PACE, Programmable Artificial Cell Evolution. Su meta, tremendamente ambiciosa, es construir una célula artificial.

Diversos grupos en todo el mundo están tratando de hacerlo. Entre ellos se encuentra el liderado por el italiano Pier Luigi Luisi, uno de los grandes popes de la ciencia más de moda en estos últimos años, la biología sintética, y J. Craig Venter, el biólogo rompedor de esquemas que dirigió la secuenciación del genoma humano desde la empresa privada.

En esta carrera por convertirse en el nuevo Prometeo se pueden seguir dos enfoques. Venter ha hecho suyo el llamado de arriba abajo: “se parte de un organismo ya conocido y se va simplificando hasta conseguir un genoma mínimo, esto es, el conjunto mínimo de genes que permiten la vida”. Obviamente, una vida que solo puede darse en las placas de Petri de un laboratorio.

Por el contrario, el enfoque de los científicos de PACE es el inverso, de abajo arriba. “No se parte de un genoma que ya existe, sino de materia inanimada, empleando sistemas químicos que no tienen por qué ser biológicos”, aclara Solé.

Lo que PACE pretende hacer en los años venideros es construir una forma de vida completamente nueva, algo así como un extraterrestre. No intenta duplicar el tipo de vida que hay en nuestro planeta sino deducir cuáles son las reglas que debe seguir todo sistema vivo y, con ellas, diseñar un ser completamente distinto.

La idea de construir una célula no surgió de pronto, en una reunión de amigos delante de una taza de café. Todo comenzó en 1944, cuando se publicó un libro que estaba destinado a revolucionar la manera de entender biología en el siglo XX. Su título lo decía todo: ¿Qué es la vida? Era una recopilación de una serie de conferencias que Erwin Schrödinger había dado en el Trinity College de Dublín. Lo llamativo es no fue escrito por un biólogo, sino por uno de los padres de la mecánica cuántica, la teoría física que describe el comportamiento de los átomos y las partículas subatómicas. Una frase de Schrödinger fue recogida como un mantra por toda una legión de científicos: “A pesar de nuestra evidente incapacidad para definirla, la vida acabará siendo explicada por la física y la química”.

Esta afirmación hizo que muchos físicos volvieran la mirada hacia la biología, provocando la aparición de una nueva rama de la ciencia: la biología molecular. Sesenta años más tarde sus discípulos ideológicos se encuentran convencidos de que van a poder construirla. “Queremos saber qué demonios es la vida construyéndola”, dice Steen Rassmusen, un físico de Los Alamos National Laboratory en Nuevo México. Es allí y en Alemania donde podría tener lugar la fase final del proyecto PACE: el diseño final y ensamblaje de la célula.

La vida no es ese conjunto de bichos y plantas que vemos a nuestro alrededor. Para Ricard Solé, que también es físico, “un ser vivo es cualquier entidad capaz extraer energía del medio ambiente, emplearla para almacenar y procesar información, y ser capaz de evolucionar”. La mejor forma de ver estas células artificiales sea como nanorobots que trabajan a escala molecular; es el “fundamento de la nueva tecnología de la información”, como declara la nota de prensa del Centro Europeo para la Tecnología Viva, que abrió sus puertas en Venecia en 2004.

Nos encontramos ante un híbrido, mezcla de biotecnología con nanoelectrónica, una nueva generación de ordenadores y robots autorreparables ya presentidos por novelas y series de ciencia ficción, como Stargate. El negocio subyacente es obvio, como lo demuestra el hecho de la creación de la empresa ProtoLife por el también físico Norman Packard (pionero en la teoría del caos) en 2004, que es partner de PACE. Esa futura célula contará con tres sistemas bioquímicos microscópicos: un contenedor, que desempeñará las funciones de una membrana celular, un sistema de construcción y mantenimiento (el metabolismo) y un sistema genético, que almacene y gestione la información (el ADN). Lo complicado no es diseñar estos tres componentes, sino que trabajen acoplados. Éste es el reto.

“Es posible que esto ocurra dentro de los próximos cinco años”, comenta Solé. Algunos pensarán que se trata de una predicción demasiado optimista, pero lo realmente increíble no es que al final se consiga en 4, 10 o 20 años: lo fascinante es que se pueda poner un plazo a algo que tan sólo hace 100 años muchos reservaban a un ser omnipotente.

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7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Gure dice:

    Entender como funciona nuestro organismo es un gran paso para conocer las causes de miles de enfermedades, de las cuales no tenemos respuesta. si sabemos cuáles son las “reglas” de la naturaleza para crear un ser vivo, sabremos qué se deteriora en una enfermedad. La teoría, en este caso, está al servicio de la práctica, no se trata de un tipo de curiosidad malsana; con la información que se pueda obtener de estos experimentos se pueden salvar vidas.

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  2. La vida existe, luego, la recreamos. pero no la creamos, la recreamos. Es decir, buscamos llegar a ella, ya la tenemos en la cabeza. Seguimos con el paradigma de Descartes: análisis y síntesis, y así comprenderemos. Pero el origen de la vida es un tema, lamentablemente, vedado para nosotros. Deberíamos dejar que la materia por sí sola se hiciera vida, pero eso no pasa, no puede pasar. Aun así, creo que hay un sentido de la vida, una esencia que podemos, según la capacidad de la mirada de la ciencia de cada época, llegar a vislumbrar.
    http://ellogosdelavida.blogspot.com

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  3. sonicando dice:

    Muy bueno el artículo.

    Solo queda esperar a que tengan resultados…

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  4. Anónimo dice:

    no me gusta para nada

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  5. El dilema mas bien sería que si logran construir vida resulta que quedaría demostrado que la vida muy bien pudo surgir de la materia que se unió por así decirlo en un momento en la” infinidad” del tiempo y luego evolucionó y esto dejaría sin espacio a la existencia de un creador . Yo le apuesto a que no lo lograrán

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  6. Juan Gómez dice:

    yo igual yo creo que no lo lograran, porque nuestro unico creador es dios!!!!!!!

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  7. Juan Gómez dice:

    si lo logran seria una prueba de fe ante dios… por claro lo dijo… que vendran pruebas para los que de verdad tienen fe.

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