Un paseo por Marte

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Marte no es un lugar para ir de vacaciones. Es más seco que el Valle de la Muerte y más frío que el Polo Sur. El escaso aire -casi todo es dióxido de carbono- está cargado de un fino polvillo, el cielo tiene un color entre rosáceo y violáceo, y la gravedad es un tercio la terrestre. El suelo, pedregoso, es de naturaleza volcánica y con un elevado contenido en hierro.

Aunque tenga una atmósfera muy tenue, en Marte hay tremendas tormentas de arena cada vez que alcanza el punto de su órbita más cercano al Sol, el perihelio. Éstas tienen la misma explicación que las tormentas de verano en nuestro planeta: en la primavera del hemisferio Sur, y debido a que su órbita es muy elíptica (por el contrario, la de la Tierra es casi circular), se produce un calentamiento significativo de su superficie. En un planeta tan seco, el aire se calienta y arrastra grandes cantidades de polvo; la nube absorbe más calor, autoalimentando el proceso, y hace la tormenta cada vez más intensa hasta el punto que puede llegar a cubrir todo el planeta. Cuando la opacidad del aire se hace muy alta, el suelo se enfría, el viento se calma y la tormenta desaparece.

Curiosamente, el polvo marciano es finísimo, entre 2 y 10 milésimas de milímetro, parecido al diámetro de las partículas del humo del tabaco. Si algún día vamos allí, será difícil fabricar módulos habitables lo suficientemente estancos para que estén libres de polvo…

Pasear por la superficie marciana será una experiencia alucinante. No sólo por la baja de gravedad sino por el panorama que nos encontraríamos alrededor: si no fuera por el color de la atmósfera y el traje espacial, creeríamos estar de pie en algún desierto de piedra de nuestro planeta, como el del antiAtlas marroquí.

El cielo, marcado por el tono rosáceo, lo veríamos raso; las escasas nubes son cirros, nubes altas de cristales de hielo. No sólo las nubes están heladas; la temperatura media en superficie es de 55 grados bajo cero, aunque oscila enormemente: entre los 27 y los –180º C. Una variación que recuerda, aunque muchísimo más acusada, a los desiertos de la Tierra. Pero lo más fascinante será la variación térmica entre los pies y la cabeza: el suelo está 20 grados más caliente que el aire (es tan tenue que no puede retener el calor), luego si nuestros pies se encuentran a unos agradables 20º, ¡la nariz se encontrará a cero grados! Es más, ver amanecer también tiene sus riesgos: en sólo un minuto la temperatura puede cambiar más de 20 grados.

Por supuesto, a nadie se le ocurriría despojarse de la escafandra: la atmósfera marciana está compuesta principalmente por dióxido de carbono y con una pequeña cantidad de otros gases, como nitrógeno y argón. Su contenido en oxígeno libre es despreciable y el vapor de agua es una milésima parte el de la atmósfera terrestre; muy poco, pero suficiente para formar nubes en la atmósfera y alrededor de las calderas de los volcanes, hoy extinguidos.

Por su parte, el dióxido de carbono se congela para formar un inmenso casquete polar y la capucha polar, una bruma que levita sobre el casquete en invierno. Al llegar la primavera se funde y entonces aparece otro en el hemisferio opuesto. Debajo de esta envoltura estacional se encuentra otra permanente, que se mantiene incluso durante el verano y que, por lo menos en el polo Norte, está hecha de hielo. Sin oxígeno no hay ozonosfera, y la superficie del planeta es barrida por los rayos ultravioleta, lo que constituye un serio impedimento para cualquier hipotética vida marciana.

Si mirásemos al cielo nos encontraríamos con otra característica curiosa de Marte: sus dos irregulares lunas, Fobos -de 21 km de diámetro- y Deimos -de 12 km-. Si Fobos fuera un satélite de la Tierra lo veríamos cruzar el cielo dos veces por noche: sólo tarda 7 horas y 39 minutos en dar una vuelta completa (Deimos tarda 30h 18m). Por sus características tan anómalas muchos piensan que se trata de dos asteroides capturados por la gravedad de Marte.

Como en todo el Sistema Solar, el vulcanismo ha sido un proceso geológico fundamental en el planeta. Prueba de ello es que allí descubrimos los volcanes más altos del Sistema Solar: el mayor es el monte Olimpo, de 27 kilómetros de altura y cuya caldera tiene unos 25 kilómetros de ancho con paredes de dos kilómetros y medio de profundidad. Mirar el cielo desde allí arriba nos mostraría un espectáculo singular: está tan alto que se pueden ver las estrellas en pleno día. A 1.000 kilómetros de allí nos encontramos con el segundo más alto, el Monte Arsia, cuya cumbre presenta la mayor caldera volcánica del Sistema Solar, un círculo casi perfecto de 180 kilómetros de diámetro. Pero lo más significativo de este planeta casi hermano del nuestro (hasta su día es prácticamente parecido, 24 horas y 40 minutos) es la existencia de agua líquida.

El Marte antiguo fue un lugar muy diferente al de hoy, seco y árido. Ya no hay duda de que el agua corrió por la superficie de Marte. Los caudales máximos de algunos canales marcianos fueron mucho mayores que los máximos caudales que han fluido en nuestro planeta. Por el Ares Vallis circuló un caudal de mil millones de metros cúbicos por segundo. Por el Amazonas circulan 300.000, y la gran catarata que rellenó el Mediterráneo a través de Gibraltar llevaba tan sólo 60 millones. Unos números que impresionan.

Ahora bien, en el planeta rojo no ha sucedido como en la Tierra, donde el agua líquida ha estado presente desde sus inicios, hace 4.000 millones de años. En Marte ha habido agua de forma esporádica, probablemente de forma repetida pero quizá efímera. ¿Hubo alguna vez un océano? No está muy claro, aunque su existencia explicaría de forma sencilla una serie de características, como las diferentes edades de los canales o relieves parecidos al de una zona costera.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ness dice:

    Un interesante resumen del planeta vecino en todos sus aspecto.

    Para otro artículo sobre Marte no estaría mal dar un paseo por la historia de las misiones a dicho planeta: desde las Viking hasta la Pathfinder y las sondas europeas.

    Mucha gracias 😉

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  2. Benet dice:

    ¡Increible!

    Soy un físico frustrado que espero algún día retomar la física para estudiar astrofísica o física teórica. Lo reconozco, a veces me arrepiento y mucho. Ahora casi soy ingeniero, pero no se si me llenaría tanto como la física…

    En fin, que me alegro mucho de haber encontrado este blog para, de alguna manera, expandir un poco mi mente.

    ¡GRACIAS!

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  3. mabel dice:

    esta informacion es muy chevere

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