¡Qué difícil es vender leche!

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Hay dos productos que retan diariamente a los publicistas: el agua y la leche. ¿Cómo convencer al consumidor que compre mi producto teniendo en cuenta que el de la competencia es lo mismo? Porque el agua es agua y la leche, leche. Recuerdo aquel anuncio de “Fontvella, el agua ligera”. Y yo con cara de lelo pensando que si las otras aguas eran pesadas (nota: sí existe el agua pesada, donde interviene el isótopo del hidrógeno deuterio, que se utilizaba de moderador en las centrales nucleares).

Pero lo de la leche no tiene nombre; aquí la publicidad se convierte en pura pseudociencia. Hay que vender leche y, además, cara. ¿Qué hacer? Añadirle cosas que suenan bien: vitaminas, omega-3, calcio… Eso sí, tienen que ser sustancias baratas, por eso se meten vitaminas fáciles de obtener. De las que cuestan dinero mejor nos olvidamos. Eso sí, miren lo listos que son los publicistas: dicen enriquecer, que suena mejor que añadir.

Lo del calcio tiene delito. “Con el calcio de la leche”, dice Pascual. ¿Será que el obtenido en otros lugares es distinto, como en la cantera La Blanca cerca de Belchite, donde se aprovisionan de carbonato cálcico muchas lecheras? ¿Será un nuevo elemento de la tabla periódica? ¿Será que el calcio de la leche tiene propiedades mágicas? Es más, ¿tiran por el fregadero la leche de la cual han sacado ese calcio extra? Y ese brick de Pascual con el añadido “con calcio 100 % natural”… ¡Por favor! Artificial, si se puede llamar así, sería replicando en la Tierra el interior de una estrella de varias veces la masa de nuestro Sol. Eso sí, reto a los de Pascual a que en sus laboratorios diferencien el calcio obtenido de cualquier fuente natural del creado en ese hipotético reactor de fusión.

¿Y las leches con omega-3, como la de Puleva? Es el colmo del descaro. Hay que decir dos cosas bien claras. Primero, según una revisión de los estudios realizados hasta la fecha sobre la famosa bondad del omega-3 presente en pescados o aceites de pescados, los autores concluyen que no tiene un efecto claro sobre la mortalidad total, las enfermedades cardiovasculares o el cáncer. Segundo, no existen estudios serios convincentes sobre el efecto de las leches enriquecidas.

Es “el efecto Pisuerga”: como algunos insinúan cierta relación beneficiosa en el omega-3 presente en el pescado añado unos miligramos de omega-3 a la leche (no nos vayamos a pasar en el enriquecimiento, que cuesta dinero) y ¡bingo! Ya puedo venderla más cara. Un consejo: si quiere su ración de omega-3 no sea tonto y coma pescado. Pero no me sea aún más bobo y caiga en la trampa de comprar huevos ¡con omega-3!

(Publicado originalmente en Público)

10 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Javier Berterreche dice:

    Coincido en que no hay que atribuir propiedades mágicas a
    ningún alimento, hierba o estampita, pero tampoco hay que pasarse para
    el otro lado y decir, como hacen algunos con los políticos, que los
    alimentos ‘’son todos iguales”.
    En primer lugar, hay que distinguir las cuestiones científico-
    técnicas y las de marketing: le asiste razón al autor cuando dice
    que TODO el calcio, sea el de la leche o el de una cantera de
    carbonato de calcio mineral, es ”natural”. Es más, a mí me rechina y
    me fastidia ese concepto de que todo lo ”natural” es bueno y
    lo ”artificial” o sintético es malo (y no hablemos de los OGM, ¡vade
    retro satanás!!!!!!), como les gusta postular a muchos neo-
    ecologistas o ”ambientalistas”. Sin embargo, en este caso el Dr.
    Sabadell se equivoca: cuando se refiere al
    calcio ”natural” de la leche, el responsable de marketing de la
    industria láctea hace referencia al que está naturalmente presente
    en la leche, es decir, que no procede de otra fuente o no ha sido
    añadido. ¿Hay diferencia? Claro que sí. De hecho, la leche ha sido
    diseñada a través de millones de años de evolución de las especies,
    para ser un vehículo adecuado para aportar calcio absorbible y
    biodisponible al recién nacido de las diferentes especies de
    mamíferos. La cantidad de calcio presente en la leche de vaca es muy
    superior a la cantidad que sería soluble en agua. ¿Cómo se logra
    este ”milagro”? La mayor parte del calcio en la leche está ligado a
    unas proteínas (las caseínas), y de este modo se mantiene disperso y puede ser
    absorbido y asimilado. Cuando algunas empresas dicen que su leche
    extra-calcio contiene solamente el calcio de la leche, es porque han
    concentrado la leche. Otras empresas, lo agregan a la leche (y no es fácil, porque la cantidad de calcio que se puede agregar a la leche sin que se afecte la estabilidad y
    simplemente se vaya al fondo del recipiente, o peor aún, que la leche se corte, es bastante limitada). Punto para los lecheros.
    Sobre los ”omega-3”, yo no soy especialmente fanático de ponerlos en
    la leche, pero me he tenido que rendir ante la evidencia. La gente
    de Puleva ha realizado ensayos clínicos con SU producto, y no
    simplemente extrapolando los resultados de lo que pasa con los
    pescados. Por otra parte, la leche humana tiene naturalmente un
    contenido de ”omega 3” mucho más elevado que la de vaca, y si
    asumimos que la composición de las diferentes leches han
    evolucionado de forma específica para cada especie…..otro punto
    para los lecheros, sobre todo en alimentación infantil.
    Hablar es fácil. No crean todas las cosas del marketing y las
    tecnologías, pero tampoco caigan en el engañabobos facilongo de
    negar todo el esfuerzo de investigación de mucha gente que trabaja
    en la industria o en la universidades.

  2. masabadell dice:

    El juego plublicitario del “calcio natural” no va por donde indica Javier Berterreche. Por lo demás, el aporte adional de calcio que representa es irrelevante para quien lleva una dieta normal de alimentación, donde adquiere sus necesidades de este elemento sin necesidad de aportes extraordinarios.
    Respecto al omega-3, los ensayos clínicos realizados por la propia Puleva se reducen a lo siguiente (escojo el ultimo, publicado en 2004 en Nutrition). Los resultados, cuando menos, se deben coger con pinzas. Llamarlo estudio epidemiológico con tan solo 30 personas duante dos meses sería exagerado. Incluso desde el punto de vista nutricional tendría sus reparos. Primero porque no se controló el modo de vida de los sujetos (únicamente se les “instó a a no cambiar su actividad física y su dieta habitual, a excepción de evitar comer pescado”). Por lo demás, el doble ciego exigible a los ensayos clínicos estándares en los medicamentos parece ser que no se cumplió; ni tan siquiera contaba con grupo de control. Es de suponer que se controló la ingesta del medio litro de leche diario que debían tomar… ¿Seguro que no cambiaron sus hábitos? ¿Se controló el efecto experimentador? ¿Y el efecto placebo? Demasiadas debilidades en el estudio para basar en ello la publicidad. Por lo demás deberíamos recordar lo que dijo el biofísico Harold Morowitz tras hacer una revisión del Nutritional Abstracts Series A, que contiene los resúmenes de todos los artículos científicos relacionados con la nutrición. Descubrió que los estudios publicados eran “trabajos sobre efectos en un grupo reducido de personas (entorno a unas 15) o animales con dietas controladas en un intervalo de días a pocos meses, o trabajos basados en entrevistas”. Es decir, no había estudios a largo plazo con muchas personas. En su opinión, “hay resultados obvios sobre bioquímica metabólica y mínimos nutricionales, y ciertos factores claramente nocivos pero nada sobre alimentación humana aplicable a gran escala”. En este casos sus palabras son totalmente válidas: decir que la presencia de omega 3 en la leche contribuye a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares es absolutamente gratuito.

    Por cierto, ¿dónde están esos estudios de biodisponibilidad y facilidad de absorción de ese omega 3 sacado del pescado y que tanto se esgrime cuando se habla del calcio de la leche (como si el” otro” calcio no pudiera adherirse a las caseínas)?

    Por otro lado, las recomendaciones de ingesta por la Organización Mundial de la Salud y las agencias de salud gubernamentales de varios países recomiendan el consumo de 0,3 a 0,5 gramos de EPA + DHA a diario y 0,8 a 1,1 gramos a diario de ácido a-linolénico. La leche Puleva tiene (según los datos de Consumer.es tras un análisis independiente) 44 mg por 100 mg (el etiquetado dice 60 mg por 100 g, con lo que se van, hacia arriba, más de un 25%). Luego un litro -que grosso modo aproximaremos a un kilo- posee 0,44 g. Para consumir el valor recomendado para EPA+DHA cada uno de nosotros debe beberse un litro de leche diario. Y lo mejor e el ácido linoleico (que es esencial), pues solo posee 30 mg por litro. Calculen cuantas cajas de leche deben beber para cubrir ese valor.
    En el estudio se les hace tomar medio litro de leche enriquecida diaria, lo que constituye -según dice el artículo- un aporte de 0,2 g, la mitad del valor mínimo aconsejado. ¡Y sin embargo funciona!
    No se necesita beber leche para eso: el pescado y una dieta equilibrada es mejor opción que gastarse un 25% más en ese tipo de leche.

    Pero lo que más mosquea es que estos débiles estudios se empiezan a realizar después de que esa leche esté en el mercado, si mis datos son correctos. El producto no surge después de una cuidadosa investigación. Todo indica a una justificación -más o menos científica- de un producto ya comercializado.

  3. Estimado Miguel Ángel,
    Realmente disfruto mucho leyendo tus comentarios y columnas en diferentes medios, y comparto calurosamente el objetivo de difundir ciencia, en forma a la vez rigurosa y accesible al público. En este caso puntual, discrepo en lo que considero un intento de meter todos los esfuerzos de mejorar aspectos nutricionales y la salud de la población, en el saco de una gran maniobra de marketing. Hay de todo en este mundo. Decir que es irrelevante aumentar un 20% el contenido de un nutriente esencial, en forma biodisponible, no resiste un análisis serio. Es el tipo de argumento que usaron algunos contra el “Golden Rice” de Potrykus. La verdad es que no todo el mundo tiene acceso a una alimentación adecuada, y aún los que lo tenemos, no seguimos los lineamientos nutricionales recomendados por los expertos. Por otra parte, no hay que confundirse: los alimentos no son medicamentos. No “curan” enfermedades. En tal sentido, creo que hablar del calcio de la leche (que no es sólo el tema de la dispersabilidad en relación con las caseínas, ni el transporte activo favorecido por estas proteínas y la lactoalbúmina, ni la relación calcio/fósforo presente en la leche) va bastante más allá de las estrategias de marketing de una empresa.
    En cuanto a los omega-3, como te dije antes, no soy particularmente entusiasta, pero eso no me lleva a negar los estudios publicados en una revista científica como Nutrition. Y no creo que tú estés cuestionando los criterios del Comité Editor de esta prestigiosa publicación. En todo esto relacionado con los alimentos, siempre habrá naturalmente polémica. Hay muchos factores, y como dije antes, no son medicamentos, por lo que ni los ensayos previos requeridos, ni los resultados esperados, deben ser comparables. Personalmente fui responsable del desarrollo de una leche “extra-calcio”, con calcio adicionado (pero proveniente de la leche), y este producto fue avalado por la Sociedad Uruguaya de Reumatología. Hace muchos años que trabajo en el sector lácteo, a nivel industrial y académico, y estoy convencido que los productos funcionales o nutracéuticos puede ayudar a mejorar algunos aspectos de nuestra nutrición habitual (no la “ideal”, sino la que ingerimos día a día) y a prevenir algunas enfermedades. Y ahora te dejo, que tengo que ir a tomar mi vitamina C.

  4. raquel dice:

    Creerse la publicidad que sale por los medios de comunicación es un acto ingenuo. Al fin y al cabo lo que se trata es de vender un producto, si hay en embellecerlo para que resulte mas atractivo, pues de eso se trata. La competencia es dura.

  5. lola fuentes dice:

    No son medicamentos, pero los “venden como si fueran”. Por cierto, este Sr. que se va a tomar vitamita C, ¿lo hará con zumo de naranja, por ejemplo, añadiéndole vitamina C, en sobre? . En este caso, no importa, ya que la vitamina C, se elimina. Algo que no ocurre con el calcio, o con el hierro.

    El agua ligera : mensaje : aligera peso, por tanto belleza y aparente juventud : salud. ¿Puede existir un medicamento mejor?.

    Y como dice Raquel, creerse la publicidad es un acto ingenuo. Pero tan repetitivo, y con esos efectos….

  6. Javier Berterreche dice:

    Ay, Lola, ay……
    Lo de la vitamina C era un chiste….y de hecho, sí, cuando quiero tomar vitamina C me tomo una pastilla, no me pongo a chupar dos docenas de limones. Pero en esto, cada cual es cada cual, y bueno es aceptar las diferencias con tolerancia y respeto.
    Estamos hablando de CIENCIA. Yo discuto de lo que sé, y de lo que no sé, no opino, por respeto. La vitamina C se elimina, y el calcio también. Incluso el de los huesos, que parece tan firmemente ligado. Los huesos son nuestro “banco” de calcio, y cuando no tenemos niveles adecuados en la sangre, y necesitamos calcio para otro proceso metabólico (por ejemplo, para controlar la presión arterial, o para la contracción muscular), nuestro organismo recurre al calcio de los huesos, porque si no, podríamos morir. Así de simple. Si no queremos que nuestros huesos terminen como una esponja (y para peor, quebradiza) tenemos que mantener los niveles de calcio adecuados, ya sea a través de una alimentación sana y equilibrada, o tomando suplementos.
    Sin acritud, con todo respeto, que yo no se lo he faltado a nadie y solamente estoy intentando aportar información. Puedes llamarme Javier, en lugar de “este Sr.”

  7. masabadell dice:

    Estimado Javier:
    Mi aprensión hacia la nueva mercadotecnia de los alimentos funcionales (si es que, en particular, se pueden llamar así a las leches con calcio extra y con omega-3) sew encuentra en el hecho de que viene a decir: come como gustes porque te damos los suplementos que necesitas. Dicho de otro modo, no se promueve una dieta equilibrada, pues si así fuera, no sería necesario ese aporte extra de calcio. Por otro lado, la controversia se encuentra servida sobre el efecto beneficioso del calcio de la leche para los huesos (véase la llamada “paradoja del calcio”): la revisión de todos los estudios publicados desde 1966 publicada en Pediatrics en marzo de 2005 indica que, según explica uno de los autores en la revista Good Medicine,

    In summary, we found that the vast majority of controlled studies of dairy supplementation or total dietary calcium intake show that, while very low calcium intakes (e.g., below 400 mg per day) may be harmful to bone development, increases in dairy or total dietary calcium intake (above 400 to 500 mg per day) are not correlated with, or a predictor of, bone mineral density or fracture rate in children or young adults.

    También indica que el calcio de la leche se absorbe peor que el presente en las verduras de hoja verde oscura como las espinacas, además de que “los nutrientes presentes en la leche interfieren con el balance de calcio” y “las proteínas de la leche y el sodio incrementan la excrecion urinaria de calcio”.

    Con todo no dudo de la bondad de una leche enriquecida con calcio, sobre todo para determinada población, ya sea por edad o por otros problemas, per mi pregunta es ¿realmente es necesaria para el ciudadano medio, teniendo en cuenta que con leche normal y yogurt obtienes las cantidades necesarias? ¿No nos están creando una necesidad que cuesta un 20% más? Insisto. El problema de la deficiencia de calcio en los países desarrollados se produce por una mala dieta no porque falte calcio de manera endémica.

    Mi temor es el ya señalado: que se crean alimentos que no ayudan a combatir el problema, sino a parchear; lo que llega al consumidor es “yo sé que comes mal, pero estoy aquí para darte lo que te hace falta sin necesidad de variar tu alimentación”.

    Respecto al omega 3 es más sangrante, pues ya se le dice que no hace falta que coma pescado. De hecho, en el artículo de Nutrition, se prohibía comer pescado, lo que abunda en mi pregunta: ¿para qué leche con omega 3 si como pescado?
    Por supuesto los ensayos con alimentos no son comparables a los realizados con medicamentos, pero si se quiere alcanzar una conclusión científicamente consistente los trabajos deben ser realizados con rigor experimental. Lo que no es de recibo es que estudios débiles no pueden esgrimirse como justificación mercantil con el añadido de “científicamente probado”. Yo sigo teniendo la sensación que se trata más de buscar una “justificación a toda costa” de una campaña de marketing. Y con esa excusa, vender la leche más cara.

    Y respecto a los comités editoriales y el peer review, bueno… mientras no haya defectos metodológicos graves, la estadística esté bien hecha y no se hagan afirmaciones grandilocuentes no es difícil publicar resultados. Y aún así: recuerda el artículo de Benveniste sobre la memoria del agua publicado en Nature. No fue rechazdo a pesar de que contradecía flagrantemente hechos conocidos de física y química, pero no había ninguna falla experimental en el artículo (lo mismo pasó con los fisicos de Stanford y Uri Geller en los 70)

    Por lo demás, gracias por tus edificantes comentarios.

  8. lola fuentes dice:

    Javier, además de lo expuesto por Miguel Ángel, sobre la absorción del calcio obtenido por la leche, (sólo decir que los datos que yo tengo es el nivel normal que debe consumir una persona está en 800 mg.- 100 mg.).

    Por otra parte, el calcio es esencial en una dieta, tan esencial como tú bien has comentado, a lo que yo me refiero es que un exceso de calcio, y por lo que hay que también que cuidar su ingesta, es porque se asocia con hipercalcuria que aumenta el riesgo en la formación de cálculos renales, además de descender el nivel en hierro.

    Según lo expuesto por Miguel Ángel, existe una paradoja con la ingesta de leche y el calcio. Tal vez sería más recomendable para una buena alimentación, ingerir además otro tipo de alimentos.

    Pero como ya comenté en Público, los añadidos, no suponen una mejoría para una persona que esté bajo en niveles de calcio, si analíticamente estos niveles “no son los adecuados”, se les debe suministrar por otra vía, la farmacéutica.

    Diferencia que pretendía establecer con la vitamina C, algo que no ocurre con la vitamina A, por ejemplo.

    En cuanto al marketing, es eso marketing, pero según mis datos, el gasto de añadidos, no se corresponde con el precio final de salida del producto. Más claro, el producto se encarece muchísimo, de 0,70 euros, hasta casi tres euros.

    Algo sé sobre alimentación, poco desde luego, ante un profesional, pero por mi salud, en el control nutricional, me juego mucho.

    En ningún momento he pretendido faltarte el respeto, lo del sr. ese, pues no sé……

    Por lo demás, muchas gracias, por la información y confio en que si existe alguna duda, se te pueda preguntar. Javier (por cierto un nombre muy familiar). Un saludo.

  9. Javier Berterreche dice:

    Estimados, me alegro de continuar este intercambio y del tono del mismo. Creo que es muy útil e ilustrativo. Sobre la revisión que cita Miguel Ángel, creo que no inhabilita los aspectos nutricionales relacionados con el consumo de productos lácteos y el calcio. Esa es mi conclusión leyendo el artículo original. Una precisión: el ejemplo que pones de las espinacas es especialmente desafortunado, ya que, por su elevado contenido de oxalato, apenas se absorbe un 5% del calcio que contienen. Los vegetales de hoja verde oscura a los que se podría referir el artículo son otros como la berza o (especialmente) el BRÓCOLI (se absorbe hasta un 60% del calcio presente en este vegetal). Sin embargo, mientras que alcanza una porción (1 vaso) de leche para obtener 240 mg de calcio absorbible, se necesitan 4 porciones y media (320g) para obtener la misma cantidad de calcio absorbible a partir del brócoli. Nuestros hábitos alimentarios hacen más probable que tomemos un vaso de leche diario y no que comamos más de 300g de brócoli todos los días…..lo cual no obsta para recomendar el consumo de este vegetal y fomentar una alimentación variada. Esta razón “cultural” de la presencia de la leche y los productos lácteos en nuestra dieta cotidiana, es lo que ha llevado a considerar a estos productos como buenos vehículos para incorporar en nuestra dieta ingredientes activos como los fitosteroles, omega 3, hierro, o vitaminas, que normalmente no están presentes en la leche de vaca. No es solamente por una cuestión de “marketing”, sino por su aceptabilidad y la imagen saludable de los lácteos.
    Aprovecho el comentario de Lola sobre los cálculos renales, para traer de nuevo el tema de la espinaca: el problema de los cálculos formados por el oxalato de calcio no es por el calcio, sino por la ingesta de oxalato. O sea, a quien tiene riesgos de cálculos renales no se le recomienda que consuma menos leche, sino que no consuma espinacas…..
    Y por supuesto, estoy a las órdenes para cualquier consulta!!!!!

  10. Marok dice:

    El eterno tema del calcio, la leche y la salud de los huesos. Lamentablemente la visión reduccionista de los llamados especialista no hacen sino traspasar su cortavista al consumidor y al productor alimentando el imperio del consumo (lacteos y suplementos).
    Sin ahondar mucho, si los huesos fueran “solo” de calcio el problema estaría resuelto y las opiniones de aqui servirían mucho. Lamentablemente nuestros huesos son más que calcio. Por este motivo el suplementar con calcio o leche (de vaca) normal o enriquecida a una persona con problemas de “densidad osea” produce un efecto totalmente pasajero y parcial…cuando dejas el suplemento tus huesos rápidamente regresan al estado inicial o a un estado peor.
    Existen muchos estudios, de ayer y hoy, que relacionan el consumo de lácteos con fracturas de cadera, osea menor densidad osea. Esta relación se da en todos los rincones del mundo. Persona o grupo que adquiere esta costumbre comienza a llenar las estadisticas de este problema. Todas las culturas que no consumen leche, menos suplementos de calcio, su incidencia de este mal tiende a cero. Esta es la verdadera paradoja del calcio o la leche.

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