El pájaro-miel

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 En Kenia viven los boran, un pueblo de pastores. Además de pasar el día entre el ganado, este pueblo africano desarrolla una curiosa y dulce actividad: coger la miel de las abejas. Y he dicho bien, porque buscar, lo que se dice buscar miel, los boran no lo hacen.

Para ello cuentan con la ayuda de un pequeño pájaro, el guía-miel, experto localizador de colmenas de abejas silvestres. Las abejas hacen sus colmenas en las cavidades de las rocas, en los montículos abandonados de las termitas o en el hueco de los árboles. El guía-miel localiza el panal siguiendo un método muy detectivesco: localiza a las abejas recolectoras y las siguen cuando regresan a la colmena.

El problema que tiene el pobre pajarito es que no puede entrar en los nidos paras robar el panal por dos motivos: uno, porque a veces el agujero de entrada es diminuto. Segundo, y más importante, porque sería atacado por las abejas.

Así que, en lugar de lanzarse como un suicida sobre el panal de rica miel, vuela en busca de un pastor y llama su atención posándose en un palo próximo a la altura de su cabeza y emitiendo un canto característico. Una vez que ha logrado llamar la atención del humano, lo conduce hasta donde se encuentra la colmena. Allí, el pastor ahuyenta a las abejas con humo, recoge la miel y le da un poco a su guía.

Lo realmente importante de todo esto es la capacidad que los pastores boran han desarrollado para interpretar las danzas y cantos del guía-miel como una llamada de atención, que saben que deben seguir al pajarillo, que deben detenerse y esperar a que les encuentre si pierden contacto con él y que deben premiarle si quieren seguir contando con su ayuda.

Es más, los boran son capaces de calcular la distancia a la colmena mediante tres indicaciones que les da el guía-miel: por el intervalo de tiempo que tarda en volver el pájaro una vez que ha entablado contacto con el pastor, por la distancia entre las sucesivas paradas que debe hacer el pájaro para esperar al hombre que le sigue, y por la altura de la posición que adopta al posarse, que va siendo cada vez más baja a medida que se acercan al nido. Los ornitólogos Husein Isack y Hans-Ulli Reyer comprobaron que de la infinidad de comportamientos que exhibían esos pájaros, únicamente esos tres eran los que daban la indicación de la distancia al panal.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Oliver dice:

    Es fantástico. Cada día que pasa este blog se supera a si mismo. mis más sinceras felicitaciones al autor o autores de esta maravillosa página. Gracias y adelante.

  2. japa dice:

    Por lo que recuerdo, hay pájaros que en vez de buscar a los humanos buscan a otros mamíferos como el ratel, que también han aprendido a seguirle. El ratel no es consciente de que debe dejarle nada al pájaro, pero como no es un animal delicado monta tal destrozo en la colmena que el suelo queda cubierto de trozos de panal y así que el pájaro saca su aperitivo (que no es la miel, como mucha gente cree, sino las sabrosas larvas de las abejas).

    Eso me lleva a pensar que el guía-miel inicialmente se acostumbró a seguir a los mamíferos que asaltaabn las colmenas, quedándose cerca de las mismas hasta que alguno aparecía. Esos ammíferos, a su vez, debieron darse cuenta de que donde había un pájaro de ese tipo, probablemente habría miel, y poco a poco se desarrolló el complejo comportamiento de búsqueda y señal que ahora nos asombra, ya que cualquier mejora en la relación de ambas especies redundaría en una ventaja para los individuos que la desarrollaran (mejor alimentación, más opciones de reproducción)

    ¿Cómo entró el hombre en esa sociedad? Hay dos posibilidades, o bien los guia-miel se relacionaron con algunos de nuestros antepasados homínidos y simplemente se mantuvo la costumbre o (más probable, ya que sólo algunos pueblos conoces el sistema) los humanos observaron al pájaro y comprendieron lo que pasaba, y el pajarillo simplemente amplió su circulo de amistades con un nuevo mamífero que era mucho más fácil de localizar y que se aprendió las reglas del juego mejor que ningún otro.

  3. masabadell dice:

    En efecto, japa, los boran son un ejemplo de ciencia de alta calidad en una sociedad que tidaríamos de primitiva…

  4. Pingback: Anónimo

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