El primer cohete (homenaje al Sputnik)

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Konstantin Tsiolkovski, un profesor de escuela ruso, pasará a la historia como el primer ser humano que estableció los fundamentos de la construcción moderna de cohetes. Y todo antes de finales del siglo XIX.

A la edad de diez años Tsiolkovski enfermó de escarlatina, que le dejó prácticamente sordo y le convirtió, según confesaría el mismo bastantes años después, en víctima del ridículo. “Desde la infancia -escribió en su autobiografía- la sordera parcial me llevó a una ignorancia total de las formas cotidianas y, en consecuencia, de las ‘conexiones’… Esta discapacidad me hizo extraño a la gente y me indujo a leer, concentrarme y soñar… Tenía el deseo de hacer algo grande, heroico… Toda mi vida consistió en la meditación, los cálculos y el trabajo experimental.”

Como no podía ser de otra forma, su gran fuente de inspiración fue el escritor de anticipación francés Julio Verne. A los 16 años, Tsiolkovski pensó que había descubierto la manera de viajar al espacio gracias a la fuerza centrífuga -esa fuerza ficticia que nos empuja hacia fuera cuando cogemos una curva con el coche- . “Todavía recuerdo aquella noche -escribió-, e incluso ahora, 50 años después, a veces sueño que me elevo en mi máquina hacia las estrellas y siento la misma exaltación”.

Curiosamente, el interés de Tsiolkovski por el viaje espacial había sido también producto de la influencia del maestro, librero y místico ruso Nicolai Fyodorovich Federov, quien se convirtió en su padre espiritual. Federov jugó un papel crucial en los años de formación de Tsiolkovski (tenía 16 años) al sacarle de la cabeza sus tendencias suicidas y enseñándole que el destino final de la humanidad requería de la conquista del espacio. El visionario Federov combinaba los ideales de la ortodoxia, la aristocracia y la comuna de campesinos rusas en una ideología de lo que él llamaba la tarea común, la unificación de la humanidad hacia un último estadio de “autocreación, inmortalidad y parecido divino”, a la “transformación de un universo mortal en un cosmos inmortal”. Para ello había que controlar y dominar el universo entero, y eso obligaba a construir naves espaciales.

Esta visión teleológica de la humanidad la hizo suya Tsiolkovski y le convirtió en un defensor apasionado de la conquista del espacio.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. El Judas. dice:

    .

    Esto me recuerda que también yo diseñé y construí una máquina para viajar al espacio aprovechando la fuerza centrífuga, y que me costó varios años entender porqué no funcionaba, también yo era muy joven entonces, y aprendí mucho con aquello.

    Aún tengo los restos del prototipo por la cochera.

    .

  2. lola fuentes dice:

    http://blogs.20minutos.es/retiario/post/2007/10/04/internet-hijo-del-sputnik

    Además del homenaje, es muy interesante el artículo de Pepe Cervera, en que lo relaciona con Internet.

  3. Anónimo dice:

    es muy bueno

  4. mayra dice:

    estaaa de candela esta padrisimo la pagina

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