Cuando quisimos eliminar a los “tarados”

Publicado 16 octubre 2013 por masabadell
Categorías: Debate, Ciencia y política, Historia de la ciencia, Biologia

Eugenesia

El 1 de octubre de 1910 empezó a funcionar en un tranquilo paraje de la costa norte de Long Island (Nueva York), en Cold Spring Harbor, el Departamento de Registros de Eugenesia. Se encontraba junto a un centro de evolución experimental perteneciente a la Carnegie Institution de Washington, y cerca de un laboratorio de biología perteneciente al Brooklyn Institute of Arts and Sciences. La persona a cargo de ambos y responsable de la creación del departamento de eugenesia era Charles B. Davenport, un antiguo catedrático de biología de Harvard, que había convencido a la esposa de un magnate del ferrocarril para que ofreciera su apoyo.

Al año siguiente Davenport publicaba Heredity in Relation to Eugenics, donde señalaba que los italianos tendían a cometer “delitos de violencia personal” y que los judíos mostraban “la mayor proporción de delitos contra la castidad y en conexión con la prostitución, los más ruines de todos los delitos”. Siguiendo este tono, otro de los partidarios de la eugenesia, Madison Grant, escribió en 1916:

“Tanto si nos gusta reconocerlo como si no, el resultado de la mezcla de dos razas es a la larga una raza que experimenta una regresión y vuelve al tipo racial más antiguo e inferior. El cruce de un ser humano de raza blanca y otro de raza negra es un negro; el cruce de un ser humano de cualquiera de las tres razas europeas y un judío es un judío”.

Es obvio que Adolf Hitler personifica al máximo las ideas eugenésicas. En Mi Lucha (1925) decía:

“Aquellos que están físicamente y mentalmente enfermos e incapaces no deberían perpetuar sus sufrimientos en los cuerpos de sus hijos. A través de medidas educacionales el estado debería enseñar a los individuos qué enfermedades no son una desgracia sino algo de mala fortuna para la cual la gente debe compadecerlos, y al mismo tiempo es un crimen y una desgracia hacer que esta aflicción sea aún peor dejándola pasar a criaturas inocentes por culpa de un anhelo simple y egoísta.”

¿Pero qué pensar de ésta, expresada ese mismo año?

“Es mejor para todo el mundo, si en lugar de esperar a ejecutar a hijos degenerados por un crimen o dejarlos morir de hambre por su imbecilidad, la sociedad pudiera prevenir que aquellos que son manifiestamente incapaces continuar su especie”.

Su autor era el juez Oliver Wendell Holmes, del Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

Los Estados Unidos fue el primer país industrializado que decretó leyes de purificación racial. A fines del XIX en Michigan y Massachusetts castraban a enfermos mentales y a quien exhibiera «epilepsia persistente», «imbecilidad» y «masturbación acompañada de debilidad mental». Pero claro, la castración pura y dura no era algo que pudiera aceptarse sin un cierto tipo de malestar en la boca del estómago, por lo que pronto los métodos eugenésicos derivaron hacia algo menos aparatoso: la vasectomía en los hombres y la ligadura de trompas en las mujeres. En los años 1930 al menos 60.000 personas fueron legalmente esterilizadas. El número correcto nunca se conocerá porque de muchas intervenciones en hospitales y cárceles jamás se informó.

Davenport encarnó la corriente científica de principios del siglo XX que pretendía encontrar una base genética en los comportamientos sociales y en la inteligencia. Dicho de manera muy simple, el tonto era tonto, el pobre, pobre y el delincuente, delincuente, porque sus padres lo eran. El ladrón nace, no se hace, como las brujas.

Por culpa de estos trabajos se elaboraron toda una serie de leyes, principalmente en los Estados Unidos, destinadas a cortar por lo sano lo que ellos denominaban la proliferación de gentes física y psíquicamente inferiores. Mejor que detenerlos o encerrarlos en manicomios de por vida era impedir que nacieran. De este modo, 30 estados de los Estados Unidos promulgaron leyes eugenésicas.

La obsesión de los legisladores eugenésicos eran los que llamaban imbéciles e idiotas. La ley de Indiana pretendía prevenir «la procreación de criminales convictos, imbéciles y violadores». En California, el estado donde más esterilizaciones se realizaron, bastaba con una nota de un doctor para esterilizar a «cualquier idiota» al igual que a cualquier preso que tuviera «un comportamiento sexual o moral degenerado». En Iowa la ley iba dirigida hacia «aquellos que podría dar a luz niños con tendencia a enfermar, a la deformidad, al crimen, a la locura, a la debilidad mental, a la idioticia, a la imbecilidad, a la epilepsia o al alcoholismo».

Con la ciencia en la mano, muchos llegaron a identificar grupos étnicos enteros como seres inferiores. Curiosamente, ninguno de estos científicos juzgó como inferior a su propio grupo étnico.

Ciudades fantasma… de cine

Publicado 3 octubre 2013 por masabadell
Categorías: Historia



Isla Decepción, Antártida

En 1906 una compañía ballenera de capital noruego y chileno empezó a utilizar la llamada Bahía de los Balleneros como base para uno de sus barcos-factoría. En 1913 ya “aparcaban” allí 13 barcos. En la estación se hervían las carcasas de estos animales para extraer el aceite que no obtenían por los métodos tradicionales en el barco. La estación fue abandonada en 1931, tras la Gran Depresión, y nunca más fue ocupada. Este enclave sirvió de inspiración para la película Alien vs Predator.

 

 

Isla Hashima, Japón

A 15 km de Nagasaki, tuvo la mayor densidad de población que el mundo ha conocido: 139.100 habitantes/km2 en las décadas de 1950 a 1960. Allí hubo explotaciones de petróleo primero y de carbón después. Cuando la corporación Mitshubisi cerró las minas en 1974 la isla se vació y así se ha mantenido hasta ahora, donde está prohibido viajar. La isla ha sido protagonista de diversas películas japonesas, como Battle Royale II: Requiem, poco acertada secuela de la exitosa primera parte donde se encierra a un grupo de adolescentes armados en una isla con una única regla: sólo uno puede salir vivo.

 

Centralia, Pennsylvania, EE UU

Con una economía basada en la extracción de antracita, en 1962 su destino quedó sellado cuando el ayuntamiento decidió usar como basurero una de las minas abandonadas. Se cree que fue el 27 de mayo cuando comenzó un incendio en este basurero. La veta de carbón mantuvo y amplió el incendio, que se extendió por todo el subsuelo de la ciudad y los alrededores. Nadie se dio cuenta de lo que pasaba hasta varios años después. Debido a las emanaciones de monóxido de carbono el pueblo fue evacuado y parte de la carretera 61 cerrada. Hoy, el subsuelo todavía está ardiendo y cubre una extensión de 1,6 km2. La ciudad ha sido borrada de todos los registros oficiales, incluso del servicio de correos, pero aún permanecen 9 vecinos que se niegan a marchar a pesar de las recomendaciones del gobierno. El pueblo Silent Hill de la película homónima se inspiró en esta ciudad.

(Publicado en Muy Interesante)

Comerciantes de esperanza: de los curanderos al Reiki

Publicado 12 septiembre 2013 por masabadell
Categorías: Ciencia cotidiana, Debate, Medicina, Pseudociencia

Del 31 de octubre al 2 de noviembre de 2011 se celebró en la ciudad de Trujillo, en el norte de Perú, el I Encuentro Internacional de Curanderismo “Ciencia Ancestral de la Salud”. Fue un encuentro peculiar pues en él participaron tanto curanderos de diferentes países, principalmente peruanos, como historiadores y antropólogos. Según el presidente del comité organizador, el arqueólogo Régulo Franco, “de esta manera intentamos rescatar los saberes de la medicina tradicional de los Moche y de todas las culturas del mundo andino prehispánico”.

Sin embargo esta voluntad de salvaguarda de la tradición médica indígena como parte de la cultura quedó relegada a un segundo plano. Por todo el encuentro planeó una visión mítica e idealizada de las épocas pasadas, y en particular la precolombina, que la mayoría de los participantes consideraba “más pura e integrada en la Naturaleza”. “La medicina y la ciencia de hoy deriva justamente de esos conocimientos muy antiguos”, afirmaba un participante. “La llamada medicina tradicional no es otra cosa más que la sabiduría ancestral obtenida de coexistir en equilibrio con la propia naturaleza”.

Esta postura se engarza en una de las corrientes más difundidas del esoterismo que empezó a finales del siglo XIX. Afirma que las civilizaciones antiguas poseían unos conocimientos más profundos y avanzados que los nuestros. De ahí se sigue que su medicina es superior a la científica. Sin embargo, no es así. En realidad, el verdadero motivo de existencia del curandero o chamán no es ser el médico del pueblo, sino el de intermediario con el mundo de los espíritus. Su rasgo más característico es “la práctica de la oración y la fuerte fe en Dios, y creen que los malos espíritus quieren apoderarse de las personas si tienen la sangre débil, y por eso hay que vencerlos”, dice la periodista Jaquelin Dunaiewsky.

Lo que subyace a esa sabiduría ancestral es la manera en que el curandero ejerce un control efectivo sobre el mundo sobrenatural, en una lucha continua contra los espíritus malignos que se apoderan del alma del enfermo. De este modo el curandero gana la confianza –y en ocasiones el respeto temeroso- de su gente: creen que tiene un don divino para curar. Dios puso en la tierra hierbas medicinales y después escogió a ciertas personas “para canalizar Su gracia curativa”. ¿Cómo se ponen en contacto con ese mundo sobrenatural? A través de plantas alucinógenas como la ayahusca, el peyote o la wachuma. Esta última, también conocida como cactus de San Pedro, “nos lleva a conectarnos directamente con lo Divino y después nos cura y nos abre la conciencia para el autoaprendizaje”, dice Agustín Guzmán de la ONG peruana Comunidad Tawantinsuyu. Los rituales están perfectamente definidos y son un sincretismo entre la tradición precolombina y la cristiana pues, a pesar referirse continuamente a esa “sabiduría ancestral”, no ha sobrevivido ningún ritual anterior a la conquista española.

El curanderismo que existe en Occidente poco tiene que ver con estas prácticas antiquísimas de las que ha bebido. Para quienes lo practican en Europa y Norteamérica la prueba definitiva de su eficacia es su antigüedad. Sin embargo, no puede venderse a la sociedad cargada de su cosmovisión. Para que estas prácticas sean digeribles por nosotros se las saca de contexto, quitándole todo aquello que suene a mitología no-occidental y les dan una pátina de pseudofilosofía Nueva Era, el entorno natural del curanderismo occidental.

El curandero netamente occidental no suele beber con profusión de estas “fuentes ancestrales” sino que le basta con aludir a Dios o a extrañas fuerzas cósmicas para justificar el origen de su capacidad para curar. Aunque también los hay que, simplemente, afirman no saber de dónde les vienen sus poderes. Así se publicita, por ejemplo, un curandero argentino: “Lo único que necesito para sanar es tener a la persona frente a mí; de no ser posible necesito el nombre, la fecha de nacimiento y una foto para saber lo que tiene, lo que le está pasando y darle lo que está necesitando de la naturaleza para su sanación y bienestar”. Y sin ningún tipo de pudor llega a afirmar que “mis dones los he dirigido hacia la salud de las personas y los preparados que he logrado realizar equivalen a más de 100 quimioterapias juntas”.

Aquellos de sus defensores que quieren mantener cierto tipo de credibilidad científica no pueden aceptar públicamente que ese don venga de Dios o de un extraterrestre. Así que para justificar a los curanderos algunos defienden que su “poder” de sanación le viene dado porque actúan sobre las carencias emocionales de los pacientes. El psicólogo Francisco Gavilán asevera que “el curandero es el catalizador de esas necesidades. A partir de ahí se empiezan a ver los resultados. Se inicia un proceso de aceleración de curación, o que promueve la curación”. Una afirmación gratuita que adolece de lo mismo que aquello que trata de defender: demostración empírica.

Sin embargo, desde mediados del siglo XX el clásico curandero ha ido disminuyendo en su número y ha dejado el paso franco a un nuevo tipo que apela a cierta energía invisible e indetectable que anima a los seres vivos, en lo que es una reinterpretación de la fuerza vital decimonónica: son las sanaciones energéticas.

Entre las más populares se encuentra la que inventó en 1922 el japonés Mikao Usui: el Reiki. Usui tuvo su particular revelación meditando en el mote Kurama, en Kioto: allí adquirió la capacidad de canalizar esa energía vital que llena el universo. Sin embargo, su idea del Reiki no era la de un método de sanación sino una forma de enfocar la propia existencia de manera que condujera a la iluminación. En esencia era un estilo de vida centrado en una particular interpretación del budismo y el sintoísmo, uno de los muchos caminos que surgen a la sombra de las religiones tradicionales. Como sucede en el caso andino o amazónico, los sistemas de creencias están fuertemente anclados en las características culturales de los pueblos y son difícilmente exportables a otros con culturas diferentes. Su exportación a otras culturas como la occidental, exige despojarlos de su identidad más profunda y quedarse con los rituales y los actos instrumentales, para dotarles posteriormente de un sentido que en absoluto tiene relación con el original. En este caso fue la japonesa-norteamericana, afincada en Hawaii, Hawayo Hiromi Takata quien modificó este sistema filosófico para hacerlo aceptable a los ojos occidentales, centrándose menos en alcanzar el satori (la iluminación en el budismo zen) y más en lo que realmente le iba a reportar beneficios: el tratamiento de enfermedades.

Así, en la década de los 1970 cobraba la envidiable suma de 10.000 $ a quien quería obtener el grado de maestría en Reiki. Takata organizó y sistematizó al modo occidental (con niveles y grados de experiencia) el más intuitivo Reiki original. Desde entonces se han ido introduciendo variantes y añadidos que lo han convertido en una patética sombra de lo que fue.

Ahora el Reiki occidental es una variante exótica de la clásica imposición de manos donde el maestro canaliza esa inexistente energía universal y restablece su flujo en el cuerpo del paciente. Para el practicante del Reiki, como para los curanderos andinos, amazónicos o africanos, las enfermedades no obedecen al ataque de virus, bacterias u otros organismos infecciosos, ni por supuesto a problemas genéticos heredados. Como impone su cosmovisión cultural, se trata de “desavenencias” entre el mundo sobrenatural –ya sea en forma de espíritus o energías universales- y los seres humanos.

A pesar de todo, se ha intentado ver si realmente es eficaz. En 2008 se realizó una revisión sistemática de todos los ensayos clínicos aleatorios (los únicos que tienen validez a la hora de determinar la validez de una terapia) a los que ha sido sometido el Reiki. Publicada en la revista International Journal of Clinical Practice, la conclusión fue que no existe ningún fundamento para afirmar que sea una terapia válida para ninguna condición médica. Al año siguiente, la revista The Journal of Alternative and Complementary Medicine se decía que de los pocos estudios serios realizados sobre el Reiki no se desprende que sea una práctica efectiva en el tratamiento de enfermedades. A pesar de todo, sus defensores, como Larry Arnold y Sandra Nevins en su libro The Reiki Handbook, siguen afirmando que es útil para daños cerebrales, cáncer, diabetes y enfermedades venéreas.

(Publicado en Muy Interesante)

En la hora final

Publicado 18 agosto 2013 por masabadell
Categorías: Antropología, Biologia, Ciencia cotidiana


Así podrá ser el proceso que sufriremos cuando nos llegue esa terrible hora en la que todo cesa. El proceso es tan variable como el de nacer y no hay manera de predecir ni la hora ni la forma exacta en que moriremos, pero los enfermos terminales experimentan síntomas similares a los descritos en el vídeo a medida que se aproximan al final de sus días, independientemente del tipo de enfermedad que padezcan.

Morimos porque vivimos. Los cambios emocionales que sufrimos en nuestros últimos momentos, tales como estar cada vez menos interesados en el mundo exterior y menos involucrados socialmente, suelen interpretarse como preliminares de lo que está por llegar: del mismo modo que el cuerpo se prepara físicamente para la muerte, también lo hace la mente.

A pesar de que la muerte es consecuencia inevitable de la vida, es una idea muy difícil de aceptar. Nos resistimos a desaparecer y nos molesta que el mundo siga existiendo una vez que nosotros no estemos.

En 1969 se publicaba Sobre la Muerte y los Moribundos de Kübler-Ross, una psiquiatra que pasó gran parte de su vida asistiendo a agonizantes. A ella le debemos la famosa teoría de los cinco estados previos a la muerte –negación, ira, regateo, depresión y aceptación– y fue unA llamada de atención a médicos y familiares de las especialísimas necesidades de los moribundos. Su singular sensibilidad y compasión le valió el respeto y la popularidad de la gente de la calle y de la clase médica.

Con su demostrada experiencia Kübler-Ross insistía que el momento de la muerte

no es ni terrorífico ni doloroso, sino un cese tranquilo del funcionamiento del cuerpo. Observar la sosegada muerte de un ser humano nos recuerda la visión de una estrella fugaz; de entre millones de estrellas en un inmenso cielo, una de ellas brilla más que ninguna durante un breve momento para desaparecer por siempre en la noche infinita.

El lugar (geológico) más peligroso

Publicado 31 julio 2013 por masabadell
Categorías: Geología

Uno de los lugares más peligrosos del planeta, al menos desde el punto de vista geológico, se encuentra en el fondo del Pacífico. Se llama 9º Norte, una zona que se asienta a caballo de las montañas de la dorsal del Pacífico Oriental, en el límite de la Placa Pacífica –la más grande del planeta- y la Placa de Cocos, una de las más pequeñas. No es peligroso porque allí abunden los tiburones, sino porque erupciones y terremotos, invisibles bajo las olas, son el pan nuestro de cada día. A medida que esas dos placas se separan de 11 a 12 cm cada año, lava fundida surge del interior para rellenar el agujero. 9º Norte tiembla, golpeada por 2-3 terremotos al día.

Pero a veces su latido se acelera.

En 1991 9º Norte se vio sometida a una terrible erupción volcánica. En el espacio de dos horas, aproximadamente el equivalente a 400.000 camiones repletos de lava se expandieron por el suelo marino. Una década más tarde, en 2003, las primeras decenas de terremotos, que luego se convirtieron en centenas de ellos, rompieron el suelo marino diariamente, presagiando el terremoto que estaba por venir.

El 22 de enero de 2006 la hecatombe: del orden de 250 terremotos a la hora (4 por minuto) destrozaron el fondo del océano. La lava surgió de las profundidades y se extendió a lo largo de casi 2 km. Estábamos ante la creación de un nuevo suelo marino.

Los hermanos (verdaderos) de Jesús de Nazaret

Publicado 22 julio 2013 por masabadell
Categorías: Historia, Religión

Hace poco asistí a una curiosa discusión sobre este tema. Lo más llamativo fue que muchos de los asistentes (católicos para más inri) se preguntaban: “¡Ah!¿Es que Jesús tuvo hermanos?”

De ello no hay duda leyendo los Evangelios. Tanto el más antiguo, el de Marcos, como Mateo lo dicen explícitamente, y dan sus nombres: Santiago, José, Judas y Simón. También tuvo un número indeterminado de hermanas, como mínimo dos, que no se identifican aunque por tradición se las llama María y Salomé. Por su parte Lucas los menciona, aunque no los identifica, y Pablo, en sus cartas –los documentos más antiguos que poseemos del cristianismo- también habla de los “hermanos del Señor”, a los que conoció personalmente. Y no solo eso, sino que su hermano Santiago –también conocido como Santiago el Justo- fue el líder de la iglesia de Jerusalén tras la ejecución de Jesús.

El problema no sería tal si no existiera la doctrina católica de la virginidad perpetua de María, expuesta por primera vez en el tratado Contra Helvidio escrito por Jerónimo hacia 383 d. C. y aparentemente apuntada en el apócrifo Protoevangelio de Santiago del siglo II. La cuestión se convirtió en un aprieto teológico después de pasar 400 años de la muerte de Jesús, porque durante los cuatro primeros siglos de existencia del cristianismo convivieron múltiples puntos de vista sin que por ello la Iglesia los excomulgase formalmente.

Los defensores de la virginidad de María se apoyan en Mateo, cuando dice que José no mantuvo relaciones sexuales con María “hasta que dio a luz un hijo”. Y es ese “hasta que” el que separa a católicos de protestantes –sospechosamente, en algunas traducciones católicas se evita hábilmente esta indeterminación reorganizando la frase-.

Para los protestantes los hermanos y hermanas de Jesús son fruto de la unión de José y María, que solo se mantuvo virgen hasta el nacimiento de Jesús (doctrina de virginitas ante partum). Para los católicos el “hasta que” no implica cambio en el estado de virginidad, como cuando se dice “pórtate bien hasta que llegue” (virginitas post partum). ¿Cómo solucionan los católicos este aprieto?

La posición oficial de la Iglesia data del siglo IV y es llamada “la solución de Jerónimo”, que interpreta la palabra hermanos como primos y, por tanto, hace de María y José perpetuamente vírgenes. Como no hay nada en las escrituras que la apoye, los teólogos católicos dan una vuelta de tuerca filológica. Argumentan que la palabra aramea para designar hermano (‘ah) también se usa para primos y sobrinos, y por eso su uso en griego –que sí distingue entre hermano y primo- es un problema de traducción. Ahora bien, el Nuevo Testamento no fue traducido sino se escribió directamente en griego: si el autor dijo hermano es porque quería decir hermano. El caso más evidente es el de Pablo y sus cartas a los Corintios, donde habla de Santiago “el hermano del Señor” y de forma global de “los hermanos del Señor” –a los que, dice, conoció personalmente-. Si hubiera querido decir primo lo habría escrito.

Ante estas objeciones algunos teólogos modernos optan por la “solución de Epifanio” –aceptada por la Iglesia de Oriente- según la cual son hijos de José aportados de un matrimonio anterior. Una idea que, según el sacerdote católico y uno de los más relevantes investigadores bíblicos confesionales, John P. Meier, “ni Mateo ni Lucas prestan apoyo a esta idea. La impresión obvia que producen ambos relatos es que el matrimonio con María es el primero de José”.

Más aún, el Nuevo Testamento no ofrece ningún ejemplo de que la palabra hermano signifique claramente hermanastro. La dificultad intrínseca de esta solución resulta evidente al comprobar los esfuerzos de los teólogos católicos, como el catalán Armand Puig en su libro Jesús. Una biografía, por encontrar algún resquicio capaz de armonizar el dogma con la historia. Es el clásico estudiantil de “si sabes el camello y te preguntan por la palmera, mete el camello debajo de la palmera”. Para justificar, por ejemplo, que Santiago era el hermano mayor de Jesús –y así fruto de un enlace anterior de José- debe echar mano del Protoevangelio de Santiago, “un relato popular imaginativo hasta el delirio” comenta Meier. La palabra hermano en el Nuevo Testamento se usa siempre literalmente como hermano consanguíneo y, en un sentido metafórico, al referirse a los cristianos de la Iglesia primitiva. “En los 343 casos que aparece la persistencia del uso literal es abrumador”, afirma Meier.

No hay motivo alguno para pensar en supuestos hermanastros salvo el deseo de teólogos e historiadores confesionales de convertir un dogma en historia.

Un detergente de castañas

Publicado 18 julio 2013 por masabadell
Categorías: Bioquímica, Ciencia cotidiana

Lo que se puede hacer con un kilo de castañas de indias…


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