¡Abducidos!
Los extraterrestres están llevando a cabo un estudio genético y es la propia especie humana el sujeto de un experimento de cría. Uno de los propósitos por los cuales vienen a la Tierra es para abducir humanos y producir otros seres. No es un programa de reproducción sino de producción: el objetivo de la abducción es la creación de niños.
Esta es la postura de dos autoridades en la materia: el artista Budd Hopkins y el profesor asociado de historia en la Universidad Temple David Jacobs. Incluso afirman que las abducciones se heredan: sus investigaciones revelan que los hijos, los padres y hasta los abuelos de un abducido también han sido abducidos. Para el psiquiatra de Harvard John E. Mack –que murió tras ser atropellado en 2004– algunos de los problemas ginecológicos de su ex–mujer eran posiblemente debidos a los extraterrestres y las abducciones un tipo de programa de gran alcance del cosmos para los “dañados espiritualmente”. Por su parte, la web Marcovni, hoy ya en desuso, mantenía un registro de personas desaparecidas por abducciones extraterrestres. La serie de televisión Taken, de Steven Spielberg, narra la vida de tres familias estadounidenses unidas por su contacto con extraterrestres.
El fenómeno de las abducciones nació el 19 de septiembre de 1961 cuando el matrimonio Hill –Barney, de raza negra y Betty, blanca– creyó ser perseguido por una luz y decidieron desviarse por carreteras secundarias para esquivarla. Tras la peripecia, llegaron a su casa de Portsmouth dos horas más tarde. Betty empezó a leer libros de ovnis y a sufrir pesadillas. Preocupados, acudieron al psiquiatra Benjamin Simon y, bajo hipnosis, relataron una historia terrorífica: habían sido sometidos a examen médico en un platillo volante y, tras borrarles la memoria, fueron liberados, lo que explicaría esa sensación de tiempo perdido que con el transcurrir del tiempo acabaría por convertirse en seña inequívoca de haber sido abducido.
El caso de los Hill no habría pasado del archivador del psiquiatra si no hubiera sido por la pluma del periodista sensacionalista John G. Fuller que publicó 5 años después, Viaje interrumpido. Años más tarde, en 1974 y junto al médico Andrija Puharich –convencido de que los poderes del famoso doblador de cucharas de los 70 Uri Geller provenían de una nave extraterrestre en órbita alrededor de nuestro planeta– repetía éxito con un libro sobre un “cirujano espiritual” llamado Zé Arigó que diagnosticaba, prescribía medicamentos y realizaba cirugía con las manos o sirviéndose de un cuchillo de cocina o una tijera sin esterilizar para extraer tumores y operar cataratas. Y todo gracias a que era poseído por el espíritu de un médico alemán del que no se sabe nada, el doctor Fritz.
Ya tenemos los ingredientes necesarios para reconocer un caso de abducción: extraterrestres realizando prácticas médicas, una carretera secundaria, un tiempo perdido, borrado de memoria… Si bien aquellos testigos de ovnis, y más aún los que afirman haber contactado con extraterrestres, han sido y son acusado de alguna psicopatología, lo cierto es que diferentes estudios psicológicos, realizados sobre todo en la década de los 90, demuestran todo lo contrario. Ahora bien, estos trabajos ponen de manifiesto ciertos rasgos de la personalidad que parecen ser característicos de ellos.
Tras la publicación de Witnessed por el gurú de la abducción Budd Hopkins, la organización ufológica Fund for Ufo Research (FUFOR) encargó a la psicóloga Elizabeth Slater que realizara a 9 abducidos –y proporcionados por el propio Hopkins– el clásico test de personalidad MMPI –Minnesota Multiphasic Personality Inventory–. Sin que ella supiera de quienes se trataba, descartó por completo la presencia de psicopatologías pero descubrió que no representaban una muestra clásica de la población desde el punto de vista del convencionalismo en el estilo de vida además de que la mayoría eran muy inventivos, creativos y originales. Estudios posteriores mostraron estos mismos resultados: el psicólogo Keneth Ring encontró que los testigos-ovni eran más sensibles “a realidades no-ordinarias y una mayor tendencia a la disociación” y con características de personalidad muy parecida a quienes han sufrido experiencias cercanas a la muerte. Otros, como
Spanos y Zimmer, encontraron una llamativa correlación entre ver ovnis y tener creencias esotéricas.
Años antes, en 1983, los psiquiatras de Massachussets Wilson y Barber, encontraron que las personas fáciles de hipnotizar tenían ciertas características distintivas de personalidad que definieron con el término inglés fantasy prone o tendentes a fantasear: pasan una gran parte de su tiempo soñando, tienen sueños muy vívidos y buena memoria, reciben mensajes de fuerzas desconocidas… Al parecer, alrededor del 4% de la población muestra este peculiar rasgo de personalidad.
¿Pertenecería a este tipo de personalidad los abducidos? Los primeros en investigar la cuestión fueron el ufólogo Keith Basterfield y el sociólogo Robert E. Bartholomew en 1988, cuando encontraron la mayoría de las características de los fantasy prone en el éxito de ventas de Whitley Strieber, Comunión, donde contaba cómo había sido secuestrado repetidamente por extraterrestres para mantener algo más que un tête-a-tête interplanetario. ¿Es posible que el éxito tuviera algo que ver con su gráfica descripción de los deseos de una alienígena de mantener relaciones sexuales y él tuviera problemas de erección?. En su estudio de 1991 vieron que la mayoría de los 152 abducidos se ajustaban perfectamente a este perfil. Joe Nickell ha encontrado lo mismo en los 13 abducidos investigados por el psiquiatra John Mack.
Uno de los resultados más interesantes ha sido el llamado estudio de la Universidad de Ottawa dirigido por Nicholas Spanos en 1993: cuanto más intensas son las experiencias de contacto con ovnis, mayor es la puntuación en la escala de tendencia a fantasear.
Para el psiquiatra de Harvard John E. Mack las abducciones “podrían no ser reducibles a procesos psicológicos para los que ahora somos familiares y no tenemos suficiente información para formular respuestas definitivas”. Sin embargo, el propio Mack no niega que aquellos recuerdos obtenidos bajo hipnosis “puedan ser explicados por elaboración hipnótica”.
Muchos de sus defensores afirmar que los abducidos presentan estrés post-traumático y que no se conoce ningún modo de causar este tipo de dolencia sin una verdadera causa externa: dicho de otro modo, las abducciones son reales porque las víctimas presentan los síntomas de estrés post-traumático.
Los argumentos de los “abduccionistas” van dirigidos a demostrar que aquello que experimentan los abducidos es real. Por un lado está que el contenido del fenómeno desafía nuestro conocimiento actual. Al ser testigo de un fenómeno que socialmente no es admisible, incluso que provoca el escarnio y la burla, el abducido no tiene motivos para inventárselo. Por otro lado, la comunidad científica y la sociedad en general lo niega porque niega nuestra posición preponderante en el universo. Del mismo modo desafía nuestro sentido de sentirnos a salvo, pues los ETs nos tratan como nosotros tratamos a los animales.
En esencia, y aunque Mack no lo reconozca explícitamente, el debate sobre la abducción es sobre si nuestra visión del mundo debe ser materialista –como ha hecho la ciencia desde sus comienzos: buscando causas materiales y creyendo que el mundo es cognoscible– o mística, donde se impone una visión más espiritual de lo que nos rodea –aunque nunca se define qué tipo de visión debe ser esa–.
Las abducciones han enfrentado a los psicólogos: investigadores frente a terapeutas. Esta es una batalla que viene de lejos; cuando en los 80 empezaron a surgir casos de abuso sexual a menores.
La referencia obligada en este tema es una mujer que ha sido llamada puta por un abogado en los pasillos del juzgado, asaltada por un pasajero de un avión mientras le gritaba “¡Tú eres esa mujer!” y ha tenido que ser escoltada por guardas a la hora de dar conferencias. Y todo porque se cuestiona lo que creemos que sabemos.
Su nombre es Elizabeth Loftus, la mayor y más conocida experta mundial en el campo de la memoria. Sus trabajos con más de 20.000 sujetos son clásicos de las psicología, demostrando que nuestra memoria es frágil y constructiva, que el testimonio de los testigos oculares es a menudo poco fiable y que se pueden inducir falsas memorias por simple sugestión –el 25% de los humanos somos especialmente sensibles a esto–. Y lo más llamativo, que se puede interferir y alterar la memoria simplemente dando información incorrecta una vez que ha ocurrido el suceso. Con semejante línea de investigación no es de extrañar que Loftus haya sido públicamente insultada, vilipendiada y amenazada por quienes están convencidos de que sufrieron abusos sexuales desde niños. Pero el problema no se encuentra en aquellos que, efectivamente, sufrieron esos abusos sino en quienes han “recuperado” la memoria de unos hechos tan terribles.
A mediados de los 80 una curiosa extravagancia se extendió por todo Estados Unidos: algunos terapeutas descubrieron que guiando oportunamente a los niños y haciéndoles las preguntas correctas conseguían hacerles recordar atroces situaciones ya olvidadas: preescolares secuestrados con cuchillos, forzados a beber orina, atados desnudos a los árboles y forzados a ver cómo sus cuidadores torturaban animales. A esto le siguió una nueva ola de aún más fantásticas historias: adultos que empezaron a recordar cómo de niños habían sido abusados sexualmente, y algunos de ellos forzados a participar en orgías satánicas. Cerca de un millar de juicios se han celebrado a causa de estos recuerdos reprimidos. La tercera ola de denuncias hubiera llegado, como dice la periodista Jill Neimark, si los extraterrestres pudieran ser demandados.
En esencia, tanto los defensores de los abusos sexuales reprimidos como los de las abducciones asumen que recordamos todo a la perfección y que aquellos recuerdos que nos producen daño, los reprimimos; esto es, que podemos enterrar las experiencia traumáticas en lo más profundo de nuestro córtex cerebral, olvidarlo y recuperarla de manera prístina hasta la última coma. Esta creencia llevó a la cárcel en 1990 a George Franklin por el asesinato de la niña de 9 años Susan Nason sucedido en 1969. ¿La prueba? El recuerdo súbito de su hija 20 años después, testigo presencial de cómo su padre violaba a Susan y luego aplastaba la cabeza de su amiga por detrás con una piedra. Y todo tras acudir a un psicoterapeuta que le practicó una hipnosis en busca de memorias reprimidas. Dos policías de San Mateo (California) creyeron su testimonio y fue formalmente acusado de asesinato en primer grado y encarcelado. Cinco años más tarde se probó su inocencia. Desde entonces muchos otros condenados han sido excarcelados y los jueces ya no aceptan acusaciones basadas únicamente en memorias reprimidas.
Uno de los motores de semejante plaga made in America fue el libro The Courage to Heal, de la terapeuta Ellen Bass y una de sus pacientes “recuperadas” Laura Davis Have. Ha sido comparado con el Malleus Maleficarum o Martillo de Brujas –libro de cabecera de los perseguidores de brujas–: el paralelismo es claro. Si en el Malleus se dice que si una mujer arrestada por bruja, tras el interrogatorio, lo confirma, lo es; si lo niega, también lo es. Es el mismo tipo de argumento que éste de Bass y Davis: “que una mujer no tenga recuerdos de haber sido víctima de abusos, o que no los llegue a tener nunca, no es prueba de que no los haya tenido”.
La espada de Damocles que cuelga encima de toda la investigación sobre memorias recuperadas es que se consiguen “extraer” del cerebro del individuo mediante hipnosis. Muchos psicólogos y psiquiatras han llamado la atención sobre el peligro que se corre porque muchos policías creen que existen métodos mágico y fáciles para conseguir la verdad de sospechosos de crímenes: sueros de la verdad, detectores de mentiras, analizadores de voz y, cómo no, hipnosis. De hecho, la mayoría creemos que gracias a ella podemos tener acceso a nuestra mente inconsciente, lugar donde se almacenan tanto abusos sexuales infantiles como personalidades múltiples o recuerdos de vidas pasadas.
Sin embargo, tanto Loftus como el gran investigador de la hipnosis, Nicholas P. Spanos, han demostrado que lo que suele suceder es que se creen falsas memorias de modo que para el sujeto sean recuerdos de hechos reales. Un ejemplo es lo que le sucedió a Fred Frankel, psiquiatra-jefe del Hospital Beth Israel e Boston y director de la revista International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis. Una mujer llegó a su consulta debido a que tenía sueños angustiosos. El médico le explicó que la hipnosis no suele proporcionar un recuerdo exacto y que la fantasía y la sugestión desempeñan un papel muy importante. Su respuesta a la hipnosis fue mínima. Pero después oyó hablar de John Mack y fue a verle: recordó una serie de abducciones con mucho detalle.
El autor del libro de texto clásico sobre hipnosis Trancework, Michael Yapko, es categórico: “Bajo hipnosis puedes aceptar y responder a una realidad sugerida. Terapeutas como Mack pueden ser completamente ajenos al hecho de que están creando las experiencias que van a tener que tratar. Estos fenómenos no surgen sin su influencia”.
Esto fue lo que motivó a la psicóloga Susan Clancy a estudiar las abducciones. Su libro Abducted, publicado por la Universidad de Harvard, es producto de 5 años dedicados a investigar el fenómeno. ¿Su motivación? En 1996 estaba fascinada por los aspectos políticos, sociales y legales de la gente que, de repente, recobraba la memoria de un abuso sexual en la infancia. Utilizando las pruebas de memoria clásicas de laboratorio descubrió que aquellas mujeres que habían “recobrado” la memoria eran más tendentes a recordar cosas que jamás habían sucedido que aquellas mujeres que formaban el grupo de control esto es, quienes recordaban efectivamente el abuso. Ahora bien, una duda quedaba planteada: esto no probaba que esas mujeres no hubieran sido abusadas sexualmente. Clancy necesitaba de un grupo de control del cual supiera que la memoria recuperada no respondía a ninguna realidad. Y se encontró con el mundo de los abducidos.
Si se hace caso a los números manejados por quienes defienden su realidad, sólo en Estados Unidos han sido secuestrados del orden de 4 millones de personas y 100 millones en todo el mundo. ¿Es creíble que semejante programa de secuestros en masa pueda pasar tan desapercibido? Como Carl Sagan ironizó, “es sorprendente que la mayoría de los vecinos ni siquiera se hayan dado cuenta de ello”. Y aún más que no exista ninguna prueba científica de la existencia de las abducciones, como reconoce David E. Pritchard, un físico del prestigioso centro de investigación estadounidense MIT. Aunque siempre queda el argumento conspiranoico de la connivencia de los gobiernos…
Junto con Richard J. McNally, Clancy encontró que los abducidos presentaban los mismos síntomas de estrés post-traumático que los veteranos de guerra. En su opinión, el impacto emocional de una memoria, sea cierta o no, es capaz de provocar un profundo impacto emocional. En su investigación hubo algo que les llamó poderosamente la atención y que se plantea como la respuesta más creíble al fenómeno: tanto quienes han recobrado una memoria de abuso sexual en la niñez como aquellos que creen haber sido secuestrados –e incluso violados– por extraterrestres presentan una mayor incidencia de la llamada parálisis del sueño: si usted se despierta y descubre que no puede mover ni un músculo salvo los ojos, siente una presencia en la habitación la cual, además, parece estar presionando sobre su pecho impidiéndole respirar, escucha ruidos y sufre como descargas eléctricas, está sufriendo una.
Todo sucede durante la fase del sueño conocida como REM –acrónimo de Rapid Eye Movement pues está caracterizada por un rápido movimiento ocular–. Es en este momento cuando soñamos y durante el cual nuestros cuerpos están paralizados –una buena medida de nuestro cerebro para impedir cualquier movimiento producto de nuestro sueño y que podría dañarnos. Pero puede suceder que la fase REM no se desarrolla correctamente y empecemos a despertarnos antes de que pase la parálisis. El consiguiente pánico que provoca esta situación puede verse acrecentado por alucinaciones hipnopómpicas, que aparecen de manera natural en el despertar –al dormirnos también aparecen alucinaciones, esta vez llamadas hipnagógicas–. Este terror es tan vívido que parece real. “La padezco con bastante frecuencia, sobre todo si me acuesto con estrés, y hasta he alucinado muchas cosas; la más frecuente es que hay ladrones en mi casa, veo sombras, escucho pasos y una vez vi una luz de linterna, todo muy real”, contaba en un foro de internet alguien que las sufría. Confesaba que siendo un adolescente fascinado por los ovnis llegó a ver durante sus episodios de parálisis a los famosos grises, los enanitos cabezones de ojos grandes y rasgados que ya han pasado a nuestro inconsciente colectivo como imagen del verdadero extraterrestre.
La parálisis del sueño le sucede al 30% de la población y el 5% de los que la han tenido ha estado acompañada por alucinaciones visuales, táctiles y auditivas. Es tan síntoma de problemas psiquiátricos como puede ser el hipo. Sin embargo, el ser humano debe buscar una explicación a eso que le ha sucedido y que, para él, ha sido completamente real. Y ahí tenemos a los extraterrestres; otros ven vampiros, ladrones o fantasmas de familiares muertos.
Semejante explicación no ha satisfecho ni a ufólogos ni a abducidos. Tanto unos como otros quieren creer que existe una especie de progrom alienígena contra los humanos donde se dedican a violar, extraer óvulos, succionar semen e introducir sondas rectales, entre otros experimentos médicos –al parecer, los extraterrestres no son tan duchos como nosotros en biotecnología y clonación–. Resulta llamativo ese interés de los extraterrestres por el sexo y no por facultades puramente humanas y no compartidas por el resto de las especies de este planeta. Clancy, que durante sus investigaciones sobre memorias reprimidas de abusos sexuales fue duramente atacada y amenazada –de hecho, sus profesores le aconsejaron que lo dejara porque podía peligrar su futuro académico–, ha recibido correos electrónicos y cartas amenazadoras de abducidos y personas relacionadas con el tema ovni. Ya lo dijo Nietzche: “Hay quienes desean saber y hay quienes quieren creer”.

18 Octubre 2007 at 2:41 pm
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En Un programa de humor de la televisión salía un cómico haciendo el papel de abducido, y explicaba como le habían hecho pruebas con una sonda anal, y como había estado en la nave muchas horas pero que le parecieron minutos, porque ya se sabe que cuando uno está agustito el tiempo pasa más rápido, decía el abducido.
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22 Octubre 2007 at 5:44 pm
Pues a mí si se me presenta una alienígena que se parezca a Norma Jean, y me dice que…, que vamos…, que si no me importa que…, yo soy un hombre y ella una…, que, en fin…
¡Rayos y centellas! Pa mí que sería un abducido, pero abducido abducido. Un abducido cabrón. Y si encima la estrella se acerca y te susurra al oído, “abdúceme otra vez, pequeño”…
Yo, a su vez, le preguntaría:
Te busqué tanto que al fin,
apareces en mi vida,
¿quieres tú ser abducida
oh mi dulce Marilyn?
Un saludo, adiós.
22 Octubre 2007 at 5:55 pm
Ninguna de las explicaciones importadas de Estados Unidos, tiene más consistencia que la historia de los abducidos. Están fatal, pero muy mal, entra dentro de la patología. No sé si sólo los abducidos o incluyendo a los que intentan encuentrar una razón fuera de la enfermedad psiquiátrica.
¿Será el Sr. Bush, un abducido?
25 Octubre 2007 at 10:05 am
Claro que también se te puede aparecer un gachó con pinta de alienígena y te dice:
¿Sabes quién soy?
El primo de Rajoy.
Y tú qué vas a hacer, pues salir corriendo sin mirar patrás.
La verdad es que todos somos gente, pero unos más que otros. Por un lado, un físico que no distingue entre el cambio climático y el tiempo que hará mañana en Sevilla. Pero, por otro lado, está Marilyn que te reconcilia con el mundo.
Un salido, digo un saludo.
14 Abril 2008 at 1:45 am
Los extraterrestres existen, yo y mis hermanas los hemos visto desde que eramos unas niñas y actualmente estamos convencidas