Archivos para 30 enero 2012

El tesoro escondido de Beale

30 enero 2012

En la primavera de 1885 James B. Ward empezó a vender copias de un panfleto titulado Los Papeles de Beale. Ward no era el autor, sino que actuaba como el agente literario de alguien que prefería mantenerse en el anonimato.

Los Papeles de Beale contaban la aparentemente verdadera historia de un tesoro escondido en las colinas de Virginia. Las únicas pistas que podían seguirse para localizar semejante fortuna de oro, plata y joyas eran tres cartas que un tal Thomas J. Beale escribió a un tal Robert Morriss, a la par que tres mensajes cifrados y que también reproducía ese folleto de 23 páginas. En las cartas Beale contaba que él y otros 29 hombres marcharon al Oeste como una partida de caza en 1817. Mientras seguían la pista a una manada de búfalos al norte de Santa Fe, en Nuevo México, tuvieron la suerte de descubrir una veta e oro. Durante los 18 meses siguientes, y con la ayuda de una tribu local, los 30 hombres se dedicaron a minar el lugar, obteniendo una importante cantidad de oro y algo de plata. Entonces decidieron que debían trasladar su preciado tesoro en un lugar seguro y encomendaron a Beale que se fuera a su tierra natal, Virginia, y le encontrara un buen escondite. Y los escondió a cuatro millas de la Taberna de Budford, hoy Montvale.

Beale regresó a la mina, donde sus amigos habían seguido trabajando y extrayendo más oro y plata. Y en 1821 un nuevo cargamento salió de la mina secreta para llegar al también secreto escondite. Esa vez, Beale llevaba una misión adicional: por si acaso sucedía algo, un accidente o lo que fuera, debía encontrar alguien de fiar a quien encomendar las últimas voluntades de los afortunados mineros en relación con el tesoro. En enero de 1822 Beale creyó encontrar a la persona adecuada: Robert Morris, propietario del hotel Washington en Lynchburg, Virginia. Antes de irse le confió una caja de hierro cerrada con llave que, según le dijo, «contenía papeles de extremado valor e importancia». Cuando Beale llegó a San Louis le envió una carta a Morriss con unas instrucciones muy precisas: no debía abrir la caja hasta pasados diez años, siempre y cuando Beale ni nadie autorizado por él la reclamasen antes. Y añadía: «Encontrará otros papeles que serán incomprensibles sin la ayuda de una clave. Esta clave la he dejado en manos de un amigo en esta localidad, sellada y dirigida a usted, y con instrucciones de que no se entregue hasta junio de 1832».

Beale nunca fue a recogerla y Morriss esperó la carta con la clave en vano. Sabiendo que sin ella seguramente no entendería nada, no abrió la caja hasta 1845. Allí, en dos cartas, se detallaba toda la historia. La primera carta cifrada decía donde estaba escondido el tesoro, la segunda, el contenido y la tercera, la relación de los familiares que debían recibir su parte del tesoro. Morriss dedicó casi 20 años a intentar romper la clave… en vano.

Un año antes de su muerte, en 1862, Morriss decidió entregar su contenido al desconocido autor del folleto, que, además, revelaba que la Declaración de Independencia de los Estados Unidos eran la llave para descifrar la segunda carta. Sin embargo las otras dos cartas permanecen intactas. Y a pesar que muchos cazadores de tesoros han ido detrás del tesoro de Beale, nadie -que se sepa- ha conseguido encontrarlo.

Si es que existe.


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