Despotismo (científico) ilustrado

Lo he dicho en alguna otra ocasión pero no ha sido hasta estos últimos meses cuando me dado cuenta de lo profundamente instituido que está entre los científicos: “Todo por el pueblo pero sin el pueblo”.

La ciencia actual es una caja negra sin prácticamente un control externo. Son los científicos y tecnólogos los que definen qué investigaciones se deben financiar, cuales priorizar… Por supuesto, es obvio que la industria ejerce una presión nada desdeñable, sobre todo a la hora de asignar fondos a líneas de investigación tecnológicas, pero todo queda en casa. Eso sí, lo fascinante es que los científicos no ven la viga en el ojo propio: hace poco un investigador que ocupa un cargo nada desdeñable en política científica me retó a que le dijera un solo grupo de presión científico.

¿Cómo no los va a ver si nos encontramos ante el caso paradigmático de que quien decide a qué se debe dedicar el dinero tiene, como comúnmente se dice, un perro en la pelea? Imagínese el caso de ese mismo científico, capaz de influir la asignación de presupuestos. ¿Alguien se cree que va a dejar su campo de investigación sin recursos o con unos muy escasos? Ejemplos tenemos en algunos centros de investigación donde sus directores privilegian su propia rama en detrimento de las otras. Y todo ello jaleado por el periodismo científico, que bajo el paraguas de que “solo tenemos que informar” lleva siendo el hagiógrafo de cabecera desde la década de los 60 que ríete tú de los biógrafos de los santos. Y, por lo que he podido comprobar en un curso de ete pasado verano, orgullosos de hacerlo.

Menos mal que en la actualidad existe una tendencia nacida en el mundo anglosajón de convertir el periodismo científico en un perro guardián, de manera que sus análisis tengan, cuado menos, un poco de la influencia que tiene el periodismo político o cultural. Esperemos que cuaje.

La ciencia actual está acostumbrada a hacer lo que quiera sin dar explicaciones: no están lejos los días en que ni siquiera se planteaba hacer divulgación científica, salvo por unos cuantos “arriesgados”. Y tampoco es raro que cuando alguien señala lo que me gusta llamar la trastienda de la ciencia se enfade y salga con que “estás dando una mala imagen de la investigación”, “estas cosas no se pueden decir” o, simplemente se enfade y avente que en el último Eurobarómetro los científicos son los más valorados de todas las profesiones. Para eso sí necesitan algunos a la ciudadanía, para endiosarse.

Publicado en Muy Interesante

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2 comentarios en “Despotismo (científico) ilustrado”

  1. Teaius Says:

    Pues si tu lo dices seguro que habrá esos perros guardianes por ahí, pero chico quitando un par de revistas especializadas, se dejan ver muy poco, sobre todo en los medios tradicionales. Eso sí, en cuanto abre la boca Hawking salen todos en jauría, perros y gatos por igual.

  2. pasaba por aquí Says:

    Pues si los mismos periodistas “guardianes” de la política y la economía, tienen que velar por las investigaciones, vamos listos en todos los campos.


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