El hombre puso nombre a los animales

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Poner un nombre no es cosa fácil, aunque no faltan candidatos: en biología, por ejemplo, hemos nombrado a 1.400.000 especies. El padre de la nomenclatura biológica moderna fue Carl von Linneo (1707-1778), un naturalista sueco hijo de un sacerdote rural amante de las plantas, que añadió a su apellido Ingemarsson el de Linneo, el nombre sueco del tilo. Padre de la taxonomía, la nomenclatura binaria que describió en la décima edición de su libro Systema Naturae constituyó la base de toda nomenclatura botánica durante dos siglos. En la actualidad, la manera de nombrar animales se rige por el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica y el de plantas por su homólogo botánico.

Así pues, ¿qué se esconde tras un nombre como Bison (Bison) bison bison (Linneo 1758) Skinner & Kaisen, 1947? Evidentemente, el bisonte, donde cada palabra indica, por este orden: género (subgénero) especie subespecie. Y siempre escrito en cursiva. A continuación se escribe el nombre de quien le puso nombre (valga la redundancia) seguido del año. Si éste ha cambiado (quizá porque se le haya movido a un nuevo género), el nombre del autor original aparece entre paréntesis. Como en muchos otros asuntos de la vida la prioridad la tiene el nombre más antiguo, aunque tenga algún error como en la amapola de California, Eschscholzia Chamiso, 1820. Se puso en honor del zoólogo Johann Eschscholtz, pero en la publicación se le traspapeló la ‘t’.

Por supuesto, los nombres -primordialmente están latinizados- tienen que ser pronunciables, aunque algunos rozan el límite, como el Ekgmowechashala, un primate del mioceno norteamericano, y que significa ‘pequeño hombre-zorro’ en Lakota.
La imaginación de los biólogos ha dado para mucho con tanto material por nombrar. Nos encontramos con nombres que su único valor es porque “suenan” divertido, como el pez Stupidogobius Aurich (1938), el pato arlequín Histrionicus histrionicus o un fósil del devónico bautizado como Gluteus minimus por Davis y Semken en 1975. Uno bastante peculiar es el de Torotix Brodkob, 1963, que es la representación onomatopéyica de la llamada de un pájaro atribuida a un flamenco por el comediógrafo griego Aristófanes en su obra “Los pájaros”. El espécimen en cuestión es el fémur fosilizado de lo que inicialmente se creía era un flamenco del Cretáceo y que hoy no está tan claro…

También se ha usado el bautizo biológico para insultar con elegancia a alguien. Por ejemplo, un entelodonte del mioceno del tamaño de un bisonte tiene el nombre de Dinohyus hollandi Peterson. Debe su nombre al que fuera director del Museo Carnegie de Historia Natural de Pittsburg, William J. Holland, porque impuso que el debía aparecer como autor principal de cualquier artículo que fuera escrito por su personal. El nombre significa “el terrible cerdo de Holland” y se cuenta que un periódico de Pittsburg anunció el descubrimiento con el siguiente titular: “Dinohyus hollandi, ¡El mayor puerco del mundo!”

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2 comentarios en “El hombre puso nombre a los animales”

  1. lola fuentes Says:

    Es muy fácil poner nombre a los animales, a mi perro le puse Rocco??????¡¡¡¡¡¡¡


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